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Nuevo artículo de Luis Jar, magistral como de costumbre. En este siniestro -no puede tratarse de otro tema siendo Luis- no hay que lamentar pérdidas humanas, lo cual me hace sentir muy bien. Me siento muy incómodo disfrutando, riendo con los informes de Luis cuando la mitad de la tripulación está con Pedro Marinero. Si aún no los ha leído le recomiendo de inmediato recuperarlos. Vea más adelante la página de Grijalvo, el amanuense de los que saben.
Julio de 2007. El «Don Pedro», ro-ro de ciento cuarenta metros de eslora, sale de Ibiza para estamparse con un bajo a una milla del puerto. Como les cuento. Un sindiós, vaya desatino. Les adelanto que la meteo era magnífica y la piedra, cartografiada de toda la vida. ¿Cómo pudo pasar? Lea el magnífico artículo de Luis, ampliado sobre la versión publicada en la Revista General de Marina.
https://grijalvo.com/Jar/Don_
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Primero, Luis se suelta un poco en el humor. Es difícil reírse cuando estás escribiendo sobre la muerte. Aquí, en fin, mueren carreras profesionales y un ro-ro encuentra una nueva vida como arrecife artificial, que no es mal final. Pero te puedes permitir una cierta cachaza, que no viene mal para simpatizar -o no- con unos currantes estresados que tuvieron un día malo. A mí me gusta mucho decir que la mar es tu amante, pero no tu amiga. Ya verá.
Bueno, voy a adelantarle algo, que si no me queda la reseña muy corta. Luis conoce muy bien esas costas, desde los tiempos en los que se dedicaba a vigilarlas a toda máquina desde el puente de una patrullera. Y es que no hay nada como disfrutar del que sabe. El informe técnico es metódico, detallado. A veces Luis nos pregunta a sus fieles lectores si el chorizo lleva demasiada carne y demasiado poco pimentón. Se siente culpable de quizás atizarnos un sartenazo. Respondemos a coro que no. Si eres del oficio todo está sobre la mesa, o en este caso sobre la carta de marear, no quedan variables sueltas. No es divulgación, sino un informe del que todos podemos sacar lecciones. Y si eres un grumetillo como el que suscribe te ayuda a comprender que el demonio está en los detalles. “¿Cómo pudo ser que se produjera tal y cual accidente?” dicen los expertólogos en todología en las tertulias televisivas. Luis te pone en las botas de un oficio bellaco, en el que olvidarse de cerrar una escotilla puede arruinar vidas. Pudo ser, fue y será. Aprendamos.
Además de la parte técnica, este informe es brillante en lo que hoy en día llamamos “gestión de equipos de trabajo”. Estrés, sobrecarga de tareas, toneladas de papeleo a realizar, falta de descanso, pequeños -o no tan pequeños- malos rollos que a veces tenemos entre nosotros los humanos. Una naviera que te aprieta, que tenemos que ser competitivos. Qué le cuento. El día a día del currante. Luis detalla cómo los seres humanos van -vamos constantemente- tomando pequeñas decisiones aparentemente irrelevantes, dejando que nuestro (mal) humor nos gobierne, asumiendo lo que piensan otras personas. Catástrofe segura, que en tierra al menos no te moja el tabaco.
Le recomiendo especialmente que se fije en la comunicación que hubo entre la tripulación y la compare con cómo es en momentos de estrés su propio puesto de trabajo. Rutinas, acumulación de funciones, cansancio. A lo mejor el día de mañana esta IA de la que tanto se habla y tan poco se sabe evitará estos problemas. No sé qué decirle. Bueno, sí que lo sé, pero hoy no toca. Aprendamos hoy de ellos. Don Luis, por favor, no se le ocurra bajar el nivel. No necesitamos informes más sencillos. Necesitamos aprender de los errores. He aprendido de mi trabajo que cuando has cometido un error es cuando tu equipo más te necesita, cuando más fuerte has de ser. No es fácil, lo sé, es muy duro. Se llama ser capitán.
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