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16 de mayo de 2025
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En los últimos meses
y por diversos motivos,
han estado de actualidad en los noticiarios
los canales marítimos de Suez y Panamá,
arterias vitales para el comercio mundial.
Al hilo de los sucesos protagonizados
por dichas estructuras, los redactores
de periódicos o reportajes televisivos
no han dejado de recordar a sus audiencias
las circunstancias épicas
que rodearon la construcción de las mismas.
Efectivamente, la construcción del canal de Suez a mediados del siglo XIX y del de Panamá a principios del siglo XX fueron en su día sendas proezas de ingeniería, requirieron grandes inversiones, la resolución de graves problemas técnicos y costaron la vida a gran número de seres humanos, de obreros que en ellos trabajaron. El resultado fue la apertura de unas nuevas vías de navegación sumamente beneficiosas para el comercio mundial. Unas vías cuya seguridad y control es hoy objeto de preocupación por parte de las grandes potencias y los principales agentes económicos.
En este contexto, vale la pena recordar otra vía de comunicación acuática artificial, cuya concepción inicial resulta casi tan remota como la del canal de Suez y de realización técnica tanto o más compleja que éste: el llamado Canal de los Dos Mares, que permitiría unir el océano Atlántico con el mar Mediterráneo a través de las tierras del sur de Francia.
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