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Dice Lorenzo Silva,

en la página 456 de «Recordarán tu nombre»,

que «es la memoria serena y completa de la infamia,

y no su olvido interesado y selectivo,

lo que permite hacer justicia

al pasado, al presente y al futuro».

Todos

hemos nacido en un lugar concreto,

que es nuestra «patria chica».

Todos somos hijos de una época.

Franco nació en Ferrol, el 4 de diciembre de 1892.

Carrero nació en Santoña, el  4 de marzo de 1904.

El 17 de julio de 1936 tenían 43 y 32 años.

Y todos somos hijos de unos padres.

Mi padre nació en Bilbao y mi madre en Cestona.
El 17 de julio de 1936 tenían 21 y 5 años.
Los dos lo pasaron bastante mal durante la guerra.
Y después de la guerra no llegó la paz, sino «La Victoria».

En noviembre de 1940, Carrero
redactó un sucinto informe
en el que enumeraba las razones
para que la España de Franco
no entrase en la SGM.
Nunca sabremos
qué hubiera ocurrido
si, desoyendo estas razones,
el dictador hubiera decidido sumarse a los nazis.
Puede ser un buen ejercicio de Historia Alternativa.

Carrero fue la eminencia gris del régimen:
ministro-subsecretario de la Presidencia
y secretario del Consejo de Ministros desde el 6 de mayo de 1941,
y vicepresidente del Gobierno desde el 22 de julio de 1967.

Sin entrar en disquisiciones sobre el «problema vasco», está bastante claro cuál era la «solución» de Carrero:

Decreto-ley 8/1968, de 3 de agosto, por el que se declara el estado de excepción en la provincia de Guipúzcoa.
Decreto-ley 1/1969, de 24 de enero, por el que se declara el estado de excepción en todo el territorio nacional.
Decreto-ley 8/1969, de 22 de marzo, por el que se levanta el estado de excepción en todo el territorio nacional.
Decreto-ley 14/1970, de 4 de diciembre, por el que se declara el estado de excepción en la provincia de Guipúzcoa.
Decreto-ley 3/1971, de 5 de febrero, por el que se levanta el estado de excepción en la provincia de Guipúzcoa.

Su figura pública se hizo bastante más visible el 9 de junio de 1973,
cuando el dictador vitalicio lo nombró presidente de su Gobierno.

El 20 de diciembre de 1973 murió en un atentado.

La «solución» al «problema vasco» no cambió mucho:

Decreto-ley 4/1975, de 25 de abril, por el que se declara el estado de excepción en las provincias de Guipúzcoa y Vizcaya.
Real Decreto-ley 4/1977, de 28 de enero, por el que se suspende parcialmente la vigencia de los artículos 15 y 18 del Fuero de los Españoles.
Real Decreto-ley 14/1977, de 25 de febrero, por el que se prorroga la vigencia del Real Decreto-ley 4/1977, de 28 de enero,
por el que se suspende parcialmente la aplicación de los artículos 15 y 18 del Fuero de los Españoles.

Vamos a ver… ¿El problema era Carrero? Si no era parte de la solución, era parte del problema.

Hay un ejercicio clásico de Historia Alternativa que hemos dado en llamar «Killing baby Hitler» y parte del caso hipotético de la muerte de Hitler en la infancia. Mi opinión es que la Historia real hubiera sido sustancialmente la misma. Los grupos sociales que impulsaron el ascenso de Hitler hubieran encumbrado a cualquier otro. El papel de «Führer» no lo escribió él, y lo hubiera representado otro Schicklgruber, siguiendo un argumento bastante parecido. La personalidad de Carrero marcó en alguna medida la dictadura, pero no fue el factor determinante: había otras fuerzas en acción.

Ahora se ha puesto de moda en los mentideros de Madrid decir que a Carrero lo mató la CIA porque estaba trabajando para conseguir armas nucleares. Sin entrar en más análisis, uno de los corolarios de esa ¿teoría? es que ETA no tenía capacidad operativa para montar el atentado, y que los «escultores» tuvieron que contar con apoyos externos, de los que tal vez no eran conscientes. Quizá, pero en 1970, José Miguel Beñaran Ordeñana, más conocido como «Argala», tomó parte en la «Operación Botella», un plan fallido para sacar a los presos de ETA de la cárcel de Burgos perforando un túnel desde una alcantarilla. «Argala» fue uno de los componentes del comando que llevó a cabo con éxito la «Operación Ogro». Muchos años después, el 19 de abril de 1995, ETA atentó contra el presidente del PP, José María Aznar, usando un coche bomba. El «comando Madrid» lo hizo estallar cuando pasaba por la calle en su automóvil. Al parecer, el blindaje del vehículo le salvó la vida.

Hablando de otra cosa y de lo mismo, Lorenzo Silva nos dice en la página 33 de “La llama de Focea”:

«Aquella gente, sin embargo, estaba lejos de contar con la preparación, la disciplina y la organización de ETA.
De hecho, haber recurrido a ellos en el pasado, como parte de su red de apoyo en Cataluña, le había costado a ETA perder algún comando.”

En diciembre de 2010 apareció en la revista «Prácticos de Puerto» un artículo histórico de Luis Jar Torre sobre la batalla naval del cabo Machichaco.

«Un alto cargo que trabajó con Carrero en su época de Vicepresidente del Gobierno escribió que, cuando en un acto sin prensa ni fotografías entregó al Almirante una placa por sus treinta años al servicio de Franco, el homenajeado sólo le dijo: “bastante hicimos con que no nos mataran”. Si lo suyo era estrés postraumático estaría justificado, porque la tercera parte de quienes compartían con él en 1936 el escalafón del Cuerpo General de la Armada, resultaron ejecutados o asesinados directamente en las primeras semanas de la contienda. Como esta tercera parte procedía esencialmente de la mitad que quedó en zona republicana, es lícito suponer que quienes quedaron en la otra zona achacaran seguir vivos al hecho de que todavía no les hubieran cogido y, por expresarlo de algún modo, sufrieran un infierno de emociones. Paradójicamente, casi podría decirse que en un primer momento el conflicto les era ajeno: según Pardo San Gil (ver bibliografía) “todos los autores que han estudiado el levantamiento de 1936 coinciden en señalar que la oficialidad de la Marina de Guerra no desempeñó un papel relevante en la gestación de la rebelión militar contra el Gobierno de la República”, aunque “la mayoría de los oficiales simpatizaban con los planes y objetivos de los conspiradores y así lo demostraron en cuanto tuvieron ocasión”. Yo diría que, visto lo ocurrido a sus compañeros, debieron sentirse atrapados en un conflicto donde la derrota no era una opción, y que ganar como fuera ya no era asunto de simpatías, sino de pura supervivencia. Sirva este bosquejo para, sin entrar en justificaciones, situar la actuación de los protagonistas de ambos bandos en un contexto que a veces roza la desesperación».

El texto completo está en:

https://www.practicosdepuerto.es/es/colegio-federacion/publicaciones/articulos-luis-jar/saber-perdonar

Compré en la Librería Robinson el segundo tomo de «Arte naval militar».
Son quinientas páginas de Historia de la Navegación, con mayúsculas.
Es un libro importante, que habla de los buques de guerra a remo.
Está escrito por un buen profesor: el CN Carrero. Creo que me habrían interesado
sus clases de Historia, y tengo la sensación de que le habría gustado mi  «galera de Ben-Hur».

En fin…

Todos somos hijos de una época,

todos somos hijos de nuestros padres,

y todos hemos nacido en un lugar concreto.

En la página 64 de «Nadie vale más que otro», Lorenzo Silva nos dice :

– Yo nací en Petare, sargento, uno de los cerros de ranchitos que rodean Caracas. Allí no hay reglas. Allí disparas y luego ni preguntas.

– Lo siento. Ojalá hubieras nacido en otra parte -dije.

Y lo deseaba de veras.

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