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Comentaba en el capítulo anterior
que una vez parado el tren en la estación
había un rápido movimiento de personas
buscando el vagón que más le convenía,
bien porque pareciera que iba más vacío
o porque quedaba mejor situado
para sus necesidades o planes de viaje.
Mis padres también se movían…
pero era yo el que frecuentemente les arrastraba
tirando de la mano buscando “un vagón de balconcillos”,
que era en el que yo quería subir mientras
mi padre refunfuñaba diciendo ¡Pero qué más dará!
No era para tanto; en realidad esta situación solo se daba
con el semidirecto de Cuenca, que podría llevarlos o no;
no había problemas con el correo de Valencia porque nunca los llevaba
ni con los mixtos entre Aranjuez y Cuenca porque éstos siempre los traían.
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2024/09/
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