{"id":111319,"date":"2022-02-02T19:49:46","date_gmt":"2022-02-02T18:49:46","guid":{"rendered":"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/?p=111319"},"modified":"2022-02-03T10:09:59","modified_gmt":"2022-02-03T09:09:59","slug":"diego-blasco-vazquez-de-cartagena-a-libia-una-odisea-pequenita","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/2022\/02\/02\/diego-blasco-vazquez-de-cartagena-a-libia-una-odisea-pequenita\/","title":{"rendered":"Diego Blasco V\u00e1zquez &#8211; De Cartagena a Libia, una odisea peque\u00f1ita"},"content":{"rendered":"<p>&lt;&lt;&lt;<\/p>\n<p><strong>\u00a1Al agua patos!<\/strong><\/p>\n<p>No desvelo ning\u00fan secreto si afirmo que poseer un t\u00edtulo profesional en nuestro pa\u00eds no es sin\u00f3nimo de tener trabajo, como tampoco lo era hace cuarenta a\u00f1os. Reci\u00e9n salido de la Escuela de N\u00e1utica de Alicante\u00a0me puse a buscar trabajo de buceador. Aunque mi carnet profesional, el m\u00e1s b\u00e1sico, s\u00f3lo me permit\u00eda trabajar hasta una profundidad de quince metros, y sin descompresi\u00f3n, eso no me desanim\u00f3. Creo que mi t\u00edtulo, Buceador de segunda restringido, se hab\u00eda dise\u00f1ado para satisfacer la demanda de mano de obra en las campa\u00f1as de cosecha de algas en Galicia, tarea que se efectuaba a poca profundidad.<!--more--><\/p>\n<p>En aquellos d\u00edas yo estaba convencido de que las entrevistas personales eran m\u00e1s eficaces que las llamadas de tel\u00e9fono; ahora s\u00e9 que el mejor sistema es casarse con la hija del jefe, o incluso mejor, con la jefa directamente.<\/p>\n<p>Recorr\u00ed dos o tres ciudades yendo de oficina en oficina, visitando compa\u00f1\u00edas de buceo. Cuando me cans\u00e9 de llamar a puertas y ser rechazado por mi biso\u00f1ez, no recuerdo c\u00f3mo, me dirig\u00ed a una compa\u00f1\u00eda de Cartagena que aparentemente contrataba muchos buzos de diferentes categor\u00edas. A esas alturas llevaba dos o tres d\u00edas comiendo bocadillos y durmiendo en estaciones de tren.<\/p>\n<p>Tras hablar con uno de los due\u00f1os volv\u00ed a recibir otra negativa tajante\u00a0dado que, en aquel momento, andaban sobrados de buceadores. Cansado de mendigar trabajo y decidido a tocarle las narices a quien hiciera falta, me sent\u00e9 en las escaleras de acceso a la oficina, determinado a no marcharme de all\u00ed sin un trabajo, por malo que fuera. Pasaron las horas, sub\u00eda y bajaba gente de la oficina; todos me miraban con una variada selecci\u00f3n de expresiones que iban desde la muda interrogaci\u00f3n a la severidad evidente por estar ocupando su zona de tr\u00e1nsito. Pero yo estaba dispuesto a no moverme de ah\u00ed hasta que no me echaran a patadas o viniera la fuerza p\u00fablica. A mis veintitr\u00e9s a\u00f1os ya hab\u00eda aprendido que a veces la insistencia moscacojonera puede ablandar voluntades y conseguir resultados. Me sorprende, sin embargo, que nadie me echara en aquel momento; quiz\u00e1s mi aire de desesperaci\u00f3n era tan evidente que mov\u00eda tanto a la misericordia como a la sana precauci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la oficina de arriba no pod\u00edan ignorar la presencia de un sujeto con mochila sentado en la escalera, y alguien debi\u00f3 de tomar una decisi\u00f3n, porque finalmente un tipo rubio, con acento extranjero, me llam\u00f3 y me pregunt\u00f3 si sab\u00eda colocar estanter\u00edas\u2026 me falt\u00f3 poco para asegurarle que \u201cEstanter\u00eda\u201d era mi alias y que mi padre era San Jos\u00e9 Carpintero. El rubio, que result\u00f3 ser holand\u00e9s, me dijo que adem\u00e1s de buceo profesional aquella firma ten\u00eda una escuela de buceo deportivo en una ciudad costera no lejos de all\u00ed y que necesitaban un chico para todo. Me dio la direcci\u00f3n y me comunic\u00f3 que los primeros d\u00edas, adem\u00e1s de un salario de pr\u00e1cticas (l\u00e9ase min\u00fasculo) me proporcionar\u00edan un lugar donde dormir hasta que yo me consiguiera algo m\u00e1s adecuado. Con mariposas en el est\u00f3mago (no s\u00e9 si por la emoci\u00f3n o por el hambre) me dirig\u00ed a la estaci\u00f3n de autobuses.<\/p>\n<p>La escuela de buceo deportivo se hallaba en los bajos de un hotel de cuatro estrellas. Alquilaban equipos de buceo, sobre todo a extranjeros con t\u00edtulo deportivo, y ofrec\u00edan, as\u00ed mismo, cursos homologados para obtener\u00a0el t\u00edtulo quien no lo tuviera. Al cabo de un par de d\u00edas, mientras instalaba las nuevas estanter\u00edas y me ocupaba de los compresores y de la carga de botellas de aire, mi jefe me oy\u00f3 hablar franc\u00e9s con unos clientes y me pregunt\u00f3 si me consideraba capaz de dar las clases de te\u00f3rica a los franco-parlantes. Reci\u00e9n vuelto de Marruecos, y con el franc\u00e9s del bachillerato refrescado en mi viaje, mi respuesta no pod\u00eda ser otra que <em>Mais oui!<\/em><\/p>\n<p>L\u00f3gicamente tuve que aprender algo de vocabulario t\u00e9cnico en franc\u00e9s, pero pronto me sorprend\u00ed a m\u00ed mismo -y a mis jefes- ayudado por unas diapositivas y una pizarra, explicando a unos belgas la teor\u00eda del buceo y los misterios de la descompresi\u00f3n. La seguridad que sent\u00ed dando esas clases me permiti\u00f3 constatar lo rigurosa y profesional que hab\u00eda sido la instrucci\u00f3n recibida en Alicante, tanto en teor\u00eda como en pr\u00e1ctica. Posteriormente supe que el director del curso hab\u00eda sido, nada menos, que el mejor buzo de Espa\u00f1a en su momento, el alf\u00e9rez de nav\u00edo Juan Ivars.<\/p>\n<p>El club\/escuela de buceo del hotel formaba parte de un grupo de peque\u00f1as empresas que inclu\u00eda una compa\u00f1\u00eda de trabajos profesionales de buceo: construcci\u00f3n, inspecciones, salvamentos, etc. Por mi parte, tras montar las famosas estanter\u00edas y ocuparme de equipos y compresores, en poco tiempo me vi envuelto en una agradable rutina de trabajo, en la que a diario llevaba buceadores deportivos a inmersiones f\u00e1ciles. Primero los transportaba en una furgoneta hasta el muelle y all\u00ed los embarcaba en un barquito de madera, el <strong>Neptuno<\/strong>, dotado con un motor di\u00e9sel antediluviano. Aunque yo no ten\u00eda carnet de conducir, hab\u00eda llevado coches de amigos durante cientos de kil\u00f3metros y a nadie de la empresa se le ocurri\u00f3 pedirme el carnet; de todas formas yo no iba a perder un trabajo por una formalidad como esa. La \u00fanica persona que me lo exigi\u00f3 fue un guardia civil de tr\u00e1fico, un d\u00eda que llevaba a media docena de buceadores al puerto. Por fortuna todos \u00edbamos en ba\u00f1ador, y no me cost\u00f3 convencer al buen hombre de que me hab\u00eda olvidado el carnet en el bolsillo de los pantalones que ten\u00eda en los vestuarios. Por otra parte, al uniformado le debi\u00f3 parecer inconcebible que una empresa bien conocida, como era la compa\u00f1\u00eda en la que yo trabajaba, tuviera ch\u00f3feres sin carnet, por lo que, tras amonestarme paternalmente, me dej\u00f3 marchar sin m\u00e1s consecuencias. Mi permiso de patr\u00f3n de embarcaciones deportivas, obligatorio para pilotar el cascar\u00f3n que llevaba el pomposo nombre del Dios del Mar, tambi\u00e9n me lo habr\u00eda olvidado en los pantalones, si alguien me lo hubiera pedido.<\/p>\n<p>&lt;&lt;&lt;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Diego_Blasco_preparando_inmersion_.jpeg\"><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-111422\" src=\"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Diego_Blasco_preparando_inmersion_.jpeg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"369\" srcset=\"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Diego_Blasco_preparando_inmersion_-300x185.jpeg 300w, https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Diego_Blasco_preparando_inmersion_.jpeg 600w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">En su primer trabajo (monitor de buceo deportivo) el autor coloca una botella<br \/>\nen la espalda de un cliente antes de una inmersi\u00f3n desde la orilla.<\/p>\n<p>&lt;&lt;&lt;<\/p>\n<p>En pocos d\u00edas, poseyendo el t\u00edtulo profesional m\u00e1s humilde de Espa\u00f1a, me encontr\u00e9 siendo responsable de un barquito con seis o siete personas, la navegaci\u00f3n, el fondeo, llevar a la gente al agua, cuidar de ellos y traerlos sanos y salvos. Nota sobre el <strong>Neptuno<\/strong>: su motorcito era un vetusto semi-diesel que se pon\u00eda en marcha con ayuda de una manivela, tras calentar una pieza del motor con una mecha. Curiosamente no fallaba nunca una vez se pon\u00eda en marcha, lo cual a veces costaba un buen rato, y el proceso no resultaba un espect\u00e1culo especialmente edificante, aunque s\u00f3lo fuera por mi sudor y mis maldiciones cuando la manivela rebotaba y me golpeaba el antebrazo.<\/p>\n<p>Cuando me encontraba con alg\u00fan buceador deportivo experto, me permit\u00eda peque\u00f1as indulgencias para complacerle. Por ejemplo, una excursi\u00f3n submarina, atravesando un corto t\u00fanel de roca. El agujero, que no ten\u00eda aristas donde engancharse, estaba a unos quince metros de profundidad, y yo permanec\u00eda atento al buceador por si ocurr\u00eda algo. La emoci\u00f3n consist\u00eda en quitarse las botellas bajo el agua, manteniendo la boquilla del regulador en la boca para seguir respirando; sujetar las botellas delante de la cabeza con ambas manos y nadar tras ellas hasta pasar el t\u00fanel. De esta forma se abultaba menos y se pasaba f\u00e1cilmente sin golpear el regulador de las botellas contra la roca. Despu\u00e9s de eso el cliente se sent\u00eda como Cousteau.<\/p>\n<p>La verdad es que esos meses me sirvieron para adquirir una gran soltura en el agua y mejorar mi conocimiento sobre los equipos, especialmente los reguladores. Por la escuela deportiva pasaban de vez en cuando otros buceadores profesionales de la compa\u00f1\u00eda, que se quedaban apenas unos d\u00edas, echando una mano, y que luego volv\u00edan a sus trabajos en construcci\u00f3n o salvamento. La escuela del hotel serv\u00eda para mantenerlos m\u00e1s o menos ocupados entre trabajos m\u00e1s exigentes.<\/p>\n<p>Un lunes de verano conoc\u00ed a una atractiva joven de larga cabellera que regentaba una fruter\u00eda. Entr\u00e9 en su tienda con la idea de comprar algo y me encontr\u00e9 a la muchacha cargando cajas de fruta estropeada en direcci\u00f3n al contenedor de basura m\u00e1s pr\u00f3ximo. Le ofrec\u00ed mi ayuda, maravill\u00e1ndome para mis adentros de c\u00f3mo a una frutera profesional se le puede estropear toda la mercanc\u00eda en un fin de semana. Mariam me confes\u00f3 que s\u00f3lo llevaba unos d\u00edas con la tienda alquilada, que era un trabajo s\u00f3lo para el verano y que era licenciada en psicolog\u00eda preparando oposiciones. Eso explicaba por qu\u00e9 hab\u00eda dejado la fruta debajo de una claraboya, a pleno sol y en verano durante aquellos dos \u201cfat\u00eddicos\u201d d\u00edas.<\/p>\n<p>La conexi\u00f3n con \u201cla frutera\u201d fue inmediata, y pronto est\u00e1bamos compartiendo apartamento e intimidad en una relaci\u00f3n que todav\u00eda recuerdo con cari\u00f1o y gran detalle, quiz\u00e1 embellecida por la nostalgia de la juventud pasada. D\u00edas de inmersiones en la mar y noches gamberras en las que a veces sal\u00edamos a tomar cervezas, descalzos y vestidos s\u00f3lo con sendas s\u00e1banas a modo de t\u00fanica romana. En aquel pueblo costero lleno de extranjeros acostumbrados a la est\u00e9tica hippie a nadie parec\u00eda molestarle y a nosotros nos produc\u00eda una p\u00edcara satisfacci\u00f3n. Una o dos inmersiones diarias, noches de cervezas y s\u00e1banas viajeras en un verano que Mariam y yo sab\u00edamos que iba a ser irrepetible.<\/p>\n<p>Una de esas madrugadas intensas, despu\u00e9s de una tarde de esqu\u00ed acu\u00e1tico en la lancha de una pareja que acab\u00e1bamos de conocer, se me ocurri\u00f3 darme un ba\u00f1o en la piscina del hotel; en aquel momento no hab\u00eda nadie, lo cual me extra\u00f1\u00f3 y anim\u00f3 al mismo tiempo.<\/p>\n<p>Estuve un buen rato buceando por diversi\u00f3n y con los ojos abiertos bajo el agua, como ten\u00eda por costumbre. No sab\u00eda que acababan de echar cloro \u201ca lo bestia\u201d aprovechando que la piscina estaba sin gente. Sal\u00ed del agua pr\u00e1cticamente ciego, y con los ojos completamente enrojecidos. Mis amigos me llevaron a un m\u00e9dico de urgencias que me puso colirio y me inform\u00f3 de que no era grave, que se pasar\u00eda solo. Volv\u00ed a casa m\u00e1s tranquilo, aunque segu\u00ed sin poder ver nada durante varias horas.<\/p>\n<p>Fue en ese verano cuando la diosa Fortuna decidi\u00f3 que mi primer trabajo serio fuera, nada menos, que inspeccionar bajo el agua los da\u00f1os sufridos por un barco metanero de 270 metros de eslora, el buque <strong>El Paso Paul Kayser<\/strong> cargado con casi cien mil toneladas de gas natural licuado. Se hab\u00eda quedado encallado en un bajo rocoso, junto al estrecho de Gibraltar. Me tuve que meter debajo para medir la distancia entre el casco y la roca, arrastr\u00e1ndome debajo del monstruo de acero con una cinta m\u00e9trica en la mano. En algunos lugares la roca se hab\u00eda metido dentro del doble casco de acero (el exterior).<\/p>\n<p>El evento fue todo un bautismo de fuego para m\u00ed. Un incidente que reflej\u00f3 la prensa internacional y con cuya experiencia elabor\u00e9 un relato en primera persona publicado en este mismo sitio. Uno de los oficiales del buque me inform\u00f3 sobre el momento en el que las 150.000 toneladas brutas del buque embistieron las rocas del Bajo de la Perla. Me explic\u00f3 que apenas sintieron nada (aparte de un leve ruido acompa\u00f1ado de vibraci\u00f3n) mientras el barco pasaba de doce a cero nudos de velocidad, algo que seguramente se produjo en poco m\u00e1s de un minuto. Si lo pensamos bien, el buque se detuvo con la misma suavidad que un tren llevado por su inercia en una v\u00eda sobre terreno llano, pues la roca lo fue rajando durante unos 90 metros mientras lo frenaba paulatinamente hasta detenerlo por completo.<\/p>\n<p>&lt;&lt;&lt;<\/p>\n<p><strong>Alivia salir de Libia<\/strong><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de este bautismo de fuego acu\u00e1tico, al terminar el verano, volv\u00ed a la Escuela de N\u00e1utica para obtener otra certificaci\u00f3n profesional que me permitiera trabajar a m\u00e1s profundidad. Tras el curso, de un par de meses, la empresa me volvi\u00f3 a contratar estimando que ya estaba maduro para otros afanes\u00a0y me incluy\u00f3 en un equipo que estaban formando para enviar a Libia. El grupo se iba a encargar del mantenimiento de diversas instalaciones submarinas en el puerto de la refiner\u00eda m\u00e1s importante del pa\u00eds. Tuvimos que traducir nuestros pasaportes al \u00e1rabe y prepararnos para pasar meses en r\u00e9gimen pr\u00e1cticamente carcelario en uno de los pa\u00edses m\u00e1s tristes y desagradables del mundo.<\/p>\n<p>Una idea de lo que all\u00ed nos esperaba nos la pod\u00eda dar la curiosa circunstancia de que ten\u00edamos que traernos el papel higi\u00e9nico desde Europa, ya que los administradores del campamento no lo proporcionaban, y no hab\u00eda d\u00f3nde comprarlo; seguramente lo hac\u00edan para humillar a los no musulmanes. Ya se sabe que los verdaderos creyentes higienizan la parte externa del final de su aparato digestivo \u201ccomo dios manda\u201d&#8230; y dios manda (seg\u00fan El Profeta) que sea con agua y con la mano izquierda. La primera vez que me toc\u00f3 pasar una enorme caja llena de rollos de papel por la aduana, en la escala que hac\u00edamos en Roma, el aduanero me mir\u00f3 con sorna mientras juntaba los dedos de una mano y me preguntaba <em>\u201cMa dove vai con tutta questa carta igienica?\u201d<\/em> Tras contestarle que iba a Libia su expresi\u00f3n cambi\u00f3 y se convirti\u00f3 en una comprensiva sonrisa, acompa\u00f1ada de un lento movimiento de cabeza.<\/p>\n<p>Al subir al avi\u00f3n de Libyan Airways te somet\u00edan a un minucioso registro corporal con malos modos, y en ocasiones te obligaban a identificar tus maletas antes de que estas fueran estibadas en la bodega. Por lo visto ten\u00edan mucho miedo a las bombas de los terroristas. Cree el ladr\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>&lt;&lt;&lt;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/WhatsApp-Image-2022-02-03-at-00.27.56_ccexpress.jpeg\"><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-111457\" src=\"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/WhatsApp-Image-2022-02-03-at-00.27.56_ccexpress.jpeg\" alt=\"\" width=\"526\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/WhatsApp-Image-2022-02-03-at-00.27.56_ccexpress-263x300.jpeg 263w, https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/WhatsApp-Image-2022-02-03-at-00.27.56_ccexpress.jpeg 526w\" sizes=\"(max-width: 526px) 100vw, 526px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Identificaci\u00f3n\u00a0con la foto del autor para moverse por la refiner\u00eda\u00a0de El Brega.<br \/>\nEl segundo apellido aparece como nombre propio, el primer apellido como inicial.<\/p>\n<p>&lt;&lt;&lt;<\/p>\n<p>Del puerto y refiner\u00eda de Marsa El Brega, en la Libia de Gadafi, tengo un recuerdo a\u00f1ejo que ha perdido algo su color, como las viejas diapositivas. Sin embargo, todav\u00eda puedo\u00a0visualizar las calles rectil\u00edneas de la peque\u00f1a ciudad de los trabajadores, compuesta por sencillos chalets con patio construidos por la compa\u00f1\u00eda Esso para los empleados de la refiner\u00eda; vestigio de cuando a la firma norteamericana todav\u00eda se le permit\u00eda trabajar all\u00ed.<\/p>\n<p>La diminuta urbanizaci\u00f3n, apretada entre el desierto y el mar, ocupaba un par de kil\u00f3metros cuadrados al lado de la refiner\u00eda, contaba con una zona destinada a las familias de ingenieros, capataces y mandos intermedios, y presum\u00eda de una bolera, un cine y un peque\u00f1o supermercado, para uso exclusivo de las familias.<\/p>\n<p>No muy lejos se situaba la zona de los trabajadores solteros. En lugar de casas, hab\u00eda cientos de contenedores vivienda bastante c\u00f3modos, con aire acondicionado, cuarto de ba\u00f1o completo y servicio de lavander\u00eda puerta a puerta. Cada contenedor ten\u00eda dos habitaciones que albergaban a dos trabajadores cada una, indefectiblemente extranjeros. Las tres comidas del d\u00eda se serv\u00edan en un inmenso restaurante de autoservicio capaz de acoger a m\u00e1s de mil comensales y al que se llegaba en peque\u00f1os minibuses que recorr\u00edan sin cesar el poblado, la refiner\u00eda, el puerto y todas las instalaciones. A cada zona correspond\u00eda un nivel de seguridad diferente y requer\u00eda una credencial determinada, dependiendo de la actividad. El personal de operaciones marinas, es decir: tripulantes de remolcadores, operadores de gr\u00faa, trabajadores del muelle, buzos, etc\u00e9tera&#8230; pod\u00edamos desplazarnos, m\u00e1s o menos libremente, entre el comedor, nuestros dormitorios, los muelles que eran nuestro lugar de trabajo, y poco m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">&lt;&lt;&lt;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><iframe style=\"border: 0;\" src=\"https:\/\/www.google.com\/maps\/embed?pb=!1m18!1m12!1m3!1d78496.80879333739!2d19.50102300666864!3d30.424298872692184!2m3!1f0!2f0!3f0!3m2!1i1024!2i768!4f13.1!3m3!1m2!1s0x13854b4b5cff7823%3A0x2fcdf7521d70f5c5!2sMarsa%20El%20Brega%2C%20L%C3%ADbia!5e1!3m2!1sca!2ses!4v1643818654867!5m2!1sca!2ses\" width=\"600\" height=\"450\" allowfullscreen=\"allowfullscreen\"><\/iframe><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">&lt;&lt;&lt;<\/p>\n<p>Nos estaban vedadas las oficinas de la compa\u00f1\u00eda, la refiner\u00eda, las depuradoras, las centrales de energ\u00eda, el locutorio telef\u00f3nico y la zona donde viv\u00edan las familias, por no hablar de los puestos militares. No se ve\u00edan mujeres en ninguna actividad profesional, cosa que habr\u00eda conferido al lugar cierto aire de normalidad, de humanidad. Ver s\u00f3lo hombres en mono o en uniforme hac\u00eda que aquel lugar recordara a una c\u00e1rcel o un cuartel; un campamento lleno de soldados con aspecto de vagos aburridos.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s aterrizar en la Libia de aquella \u00e9poca (1982) ten\u00edas la impresi\u00f3n de que en todo el pa\u00eds s\u00f3lo trabajaban los extranjeros, y esa impresi\u00f3n respond\u00eda enteramente a la realidad. Por las calles ve\u00edas a t\u00e9cnicos italianos poniendo l\u00edneas telef\u00f3nicas, carpinteros rusos instalando ventanas, pakistan\u00edes conduciendo veh\u00edculos y hombres de piel oscura, quiz\u00e1s indios o bengal\u00edes, a pico y pala. Las escobas de barrendero parec\u00edan estar reservadas para los hombres con la piel m\u00e1s oscura de todas. El racismo crom\u00e1tico-laboral se materializaba en Libia a niveles que yo no hab\u00eda visto antes, pero que luego comprob\u00e9 que no eran tan raros en muchas partes del mundo, de M\u00e9jico a El Ejido, de Birmania a Brasil.<\/p>\n<p>El viscoso petr\u00f3leo brotaba del suelo libio con tal prodigalidad que el coronel Gadafi se pod\u00eda dar el lujo de contratar a compa\u00f1\u00edas de medio mundo para mantener el pa\u00eds funcionando, siempre que no fueran americanas, claro; despu\u00e9s de todo les hab\u00eda confiscado hac\u00eda poco la refiner\u00eda de Esso donde yo trabajaba y a los yanquis no les hizo mucha gracia. Pero donde hay petrod\u00f3lares los problemas suelen solucionarse con rapidez y el bueno del coronel no tuvo inconveniente en traerse ingenieros brit\u00e1nicos para que mantuvieran funcionando la refiner\u00eda. Del puerto y de las tuber\u00edas submarinas para el crudo nos encarg\u00e1bamos varios buceadores espa\u00f1oles y brit\u00e1nicos, una pontona italiana con gr\u00faa, y un par de remolcadores holandeses.<\/p>\n<p>Hay que reconocer que el coronel Gadafi, aparte de ser un psic\u00f3pata, y de vestir como si su dise\u00f1adora hubiera sido \u00c1gatha Ruiz de la Prada despu\u00e9s de drogarse, se esforz\u00f3 en que la enorme riqueza del pa\u00eds llegara a todos los sectores de la poblaci\u00f3n, y por eso durante bastantes a\u00f1os la renta per c\u00e1pita de los libios fue, con mucho, de las m\u00e1s altas de \u00c1frica. Am\u00e9n de pagar bien a las compa\u00f1\u00edas extranjeras que hac\u00edan todo el trabajo y de financiar las becas de miles de estudiantes en varios pa\u00edses de Europa, en Libia hab\u00eda servicios sociales y sanitarios muy por encima de los est\u00e1ndares de los pa\u00edses del entorno. Otros dictadores,\u00a0como Marcos, Idi Am\u00edn o Mobutu, ni siquiera se molestaban en escolarizar a la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El coronel m\u00e1s que bipolar parec\u00eda \u201ctripolar\u201d,\u00a0y lo mismo era alabado por l\u00edderes occidentales que aceptaban caballos como regalo personal, que era considerado un patrocinador del terrorismo internacional. En sus ratos libres, adem\u00e1s, escribi\u00f3 una \u201cobra cumbre\u201d de la ciencia pol\u00edtica: el Libro Verde,\u00a0del cual todav\u00eda guardo un ejemplar en la estanter\u00eda donde pongo los libros de humor.<\/p>\n<p>En este pa\u00eds tan peculiar nuestros d\u00edas sol\u00edan ser rutinarios, aunque pod\u00edan convertirse en fren\u00e9ticos en cuesti\u00f3n de minutos. Despu\u00e9s de todo, la vida del buzo de mantenimiento a veces recuerda a la del soldado: largos per\u00edodos de aburrimiento interrumpidos por momentos de p\u00e1nico.<\/p>\n<p>&lt;&lt;&lt;<\/p>\n<p><strong>Currantes del fondo del mar<\/strong><\/p>\n<p>Todas las ma\u00f1anas nos dirig\u00edamos al puerto, bien desayunados y equipados con el mono naranja caracter\u00edstico de nuestra compa\u00f1\u00eda. En esa \u00e9poca, los monos de color butano todav\u00eda no hab\u00edan adquirido la connotaci\u00f3n siniestra que los yihadistas y el sistema penitenciario de E.E.U.U. les han otorgado.<\/p>\n<p>Nuestro cuartel general dentro del puerto era un par de contenedores (oficina y taller), instalados sobre la pontona italiana que montaba una gr\u00faa enorme. La pontona era tambi\u00e9n nuestra base de operaciones para los trabajos de buceo serios, como por ejemplo, cambiar las tuber\u00edas de trasvase de crudo, tanto las submarinas como las flotantes.<\/p>\n<p>Los petroleros que ven\u00edan a cargar crudo, a causa de su gran calado, se ten\u00edan que amarrar a una boya de amarre conocida como \u201cmonoboya\u201d situada mar adentro, en aguas m\u00e1s profundas. Dichas monoboyas pueden tener el tama\u00f1o de un bungalow, o un peque\u00f1o chalet. Unas grandes tuber\u00edas, colocadas sobre el lecho marino, llevaban el petr\u00f3leo desde los dep\u00f3sitos en tierra firme hasta las monoboyas, fondeadas a medio kil\u00f3metro de la costa. Desde las monoboyas, que son giratorias como los grifos de las cocinas para adaptarse a las corrientes y a los vientos, part\u00edan unas mangueras flotantes de neopreno que se izaban con una gr\u00faa a la cubierta del petrolero para ser conectadas a sus enormes dep\u00f3sitos. Los buceadores nos encarg\u00e1bamos del mantenimiento de estos oleoductos submarinos, de las anclas que sujetaban las monoboyas y de otras muchas instalaciones bajo el agua.<\/p>\n<p>Con frecuencia trabaj\u00e1bamos a m\u00e1s de cincuenta metros de profundidad. Est\u00e1bamos unos\u00a0veinte minutos en el fondo y luego realiz\u00e1bamos descompresiones de un par de horas en una c\u00e1mara. En verano el agua estaba tan tibia que las inmersiones de poca profundidad las hac\u00edamos en ch\u00e1ndal o en mono, s\u00f3lo para no cortarnos con el escaramujo\u00a0(caracolillo) y los mejillones que lo recubr\u00edan\u00a0todo.<\/p>\n<p>Reserv\u00e1bamos los trajes de neopreno para las inmersiones profundas. Esas inmersiones, gracias a la transparencia del agua, que nos permit\u00eda ver la silueta de la pontona a cincuenta metros sobre nuestras cabezas, las consider\u00e1bamos rutinarias, seguras y agradables.<\/p>\n<p>&lt;&lt;&lt;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Diego_Blasco_saltando_pantalan_.jpeg\"><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-111423\" src=\"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Diego_Blasco_saltando_pantalan_.jpeg\" alt=\"\" width=\"420\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Diego_Blasco_saltando_pantalan_-210x300.jpeg 210w, https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Diego_Blasco_saltando_pantalan_.jpeg 420w\" sizes=\"(max-width: 420px) 100vw, 420px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">El autor saltando desde un pantal\u00e1n<br \/>\npara una inspecci\u00f3n rutinaria<br \/>\nen el puerto libio de El Brega.<\/p>\n<p>&lt;&lt;&lt;<\/p>\n<p>Los buques metaneros que ven\u00edan a por gas licuado u otros productos refinados, al ser m\u00e1s peque\u00f1os y de menor calado, pod\u00edan utilizar cualquiera de los pantalanes del puerto.<\/p>\n<p>Nuestros d\u00edas, agrupados en turnos de trabajo de tres meses, se pod\u00edan hacer muy largos en Libia. En aquella \u00e9poca, el pa\u00eds no se pod\u00eda considerar, bajo ning\u00fan est\u00e1ndar, un \u201cpa\u00eds normal\u201d; dejo al amable lector el cuidado de definir lo que es normal y lo que no.<\/p>\n<p>En los ochenta, antes de los m\u00f3viles, esos tres meses equival\u00edan a estar en un agujero, donde la \u00fanica cosa buena era trabajar al aire libre y poder salir en una lancha neum\u00e1tica a realizar inspecciones rutinarias de boyas, tuber\u00edas submarinas y otras instalaciones. Una vez en casa, no hab\u00eda m\u00e1s canales de TV que los libios. Casi todos los programas eran de tema religioso o pol\u00edtico, o de los dos tipos simult\u00e1neamente, y siempre en \u00e1rabe sin subt\u00edtulos.<\/p>\n<p>&lt;&lt;&lt;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/valvula-libia-1.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-111426 aligncenter\" src=\"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/valvula-libia-1.jpg\" alt=\"\" width=\"206\" height=\"206\" srcset=\"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/valvula-libia-1-66x66.jpg 66w, https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/valvula-libia-1-150x150.jpg 150w, https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/valvula-libia-1.jpg 206w\" sizes=\"(max-width: 206px) 100vw, 206px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">El autor (izquierda) y un compa\u00f1ero comprueban<br \/>\nel funcionamiento de una v\u00e1lvula en una conducci\u00f3n petrolera.<br \/>\nMarsa el Brega, Libia.<\/p>\n<p>&lt;&lt;&lt;<\/p>\n<p>Llamar por tel\u00e9fono a Europa, nunca sabr\u00e9 por qu\u00e9, s\u00f3lo se pod\u00eda hacer desde el locutorio, mediante solicitud justificada por escrito, y tras una espera de varios d\u00edas. Lo mismo para los telegramas. Las cartas tardaban cuatro o cinco meses en llegar, si llegaban, y la atm\u00f3sfera del pa\u00eds, en general, era la de una naci\u00f3n en estado de sitio, donde todos los extranjeros \u00e9ramos vistos como enemigos, cuando no como esp\u00edas.<\/p>\n<p>S\u00f3lo aguant\u00e1bamos estar tres meses seguidos en aquel purgatorio porque los sueldos eran jugosos, y porque ten\u00edamos derecho a un mes de vacaciones pagadas entre cada dos turnos de trabajo. Pero en general, estar en Libia era tan desagradable que los trabajadores estacionados en el pa\u00eds cont\u00e1bamos el siguiente chiste: \u201cEn un concurso de televisi\u00f3n, al ganador le regalan una semana de vacaciones en Libia, con todo pagado&#8230; pero al perdedor \u00a1le regalan dos semanas!\u201d<\/p>\n<p>&lt;&lt;&lt;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/kirby-morgan-libia_.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-111424 aligncenter\" src=\"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/kirby-morgan-libia_.jpg\" alt=\"\" width=\"411\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/kirby-morgan-libia_-206x300.jpg 206w, https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/kirby-morgan-libia_.jpg 411w\" sizes=\"(max-width: 411px) 100vw, 411px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Reci\u00e9n salido del agua, el autor de estas l\u00edneas<br \/>\nse desprende de su escafandra Kirby Morgan,<br \/>\nque se conecta a la superficie por medio de un umbilical.<br \/>\nEn verano, el agua en la costa libia es tan templada<br \/>\nque permite inmersiones a 30 metros de profundidad<br \/>\nsin traje de neopreno.<br \/>\nAl fondo la refiner\u00eda de Marsa el Brega, Libia.<\/p>\n<p>&lt;&lt;&lt;<\/p>\n<p>Te pod\u00edan encarcelar por poseer bebidas alcoh\u00f3licas, tener un Playboy o guardar un peri\u00f3dico donde apareciera una caricatura de Gadafi. En las tiendas de la capital, si pod\u00edas acceder a ellas, no se vend\u00eda pr\u00e1cticamente nada \u00fatil. Los supermercados ten\u00edan una selecci\u00f3n de productos limitad\u00edsima: largas estanter\u00edas llenas de reproductores de video, la de abajo pod\u00eda tener sandalias de goma y la inmediatamente inferior cazuelas de color azul. Como los salarios de los libios eran altos (tanto petr\u00f3leo en un pa\u00eds de tres o cuatro millones de ciudadanos se ten\u00eda que notar) y la variedad de objetos tan escasa, algunos empleados de la refiner\u00eda ten\u00edan dos o tres reproductores de video y varios televisores en casa porque no sab\u00edan qu\u00e9 hacer con sus sueldos. Lo de irse de vacaciones al extranjero, una forma r\u00e1pida y divertida de gastarse los cuartos, se lo pon\u00edan dif\u00edcil con trabas pol\u00edticas y burocr\u00e1ticas.<\/p>\n<p>&lt;&lt;&lt;<\/p>\n<p><strong>El amigo metanero de Barcelona<\/strong><\/p>\n<p>Aparte del alto nivel de vida, la atm\u00f3sfera era la propia de un pa\u00eds estalinista gobernado por un ayatol\u00e1 bipolar:\u00a0\u00a1el para\u00edso en la tierra! Por eso, cuando sal\u00edamos de aquel lugar, y hac\u00edamos escala en Roma, nos sent\u00edamos como reyes s\u00f3lo con entrar en un restaurante, poder comer lo que quisi\u00e9ramos, \u00a1y con vino! Los pa\u00edses como Libia sirven para que nos demos cuenta de lo bueno que es vivir en una democracia, por limitada que sea.<\/p>\n<p>El aislamiento era uno de los aspectos m\u00e1s desagradables de residir all\u00ed, pues adem\u00e1s de incidir sobre nuestro estado de \u00e1nimo afectaba a nuestras comunicaciones, tanto con la compa\u00f1\u00eda como con la familia. Un d\u00eda, alguien cay\u00f3 en la cuenta de que cada semana llegaba regularmente un barco metanero desde Barcelona para cargar gas natural, y que siempre era el mismo: el <strong>Laiet\u00e1<\/strong>. Durante las pocas horas que el buque pasaba atracado en el pantal\u00e1n, estaba prohibido subir a bordo o bajar a tierra. A pesar de ello conseguimos convencer a la tripulaci\u00f3n espa\u00f1ola para que llevaran nuestras cartas a Barcelona, donde las pod\u00edan echar en un buz\u00f3n de Correos. El c\u00edrculo se cerr\u00f3 cuando nuestros familiares empezaron a enviarnos las cartas directamente a las oficinas de la naviera barcelonesa para que nos las trajeran en el buque.<\/p>\n<p>Pronto se estableci\u00f3 la costumbre de pasar y recibir nuestro correo por medio de un cubo atado a una soga, que un tripulante bajaba desde la alt\u00edsima cubierta del buque hasta el pantal\u00e1n. En el cubo no faltaban los peri\u00f3dicos \u00a1casi del d\u00eda! o revistas que la tripulaci\u00f3n del metanero hab\u00eda le\u00eddo ya, lo cual era un peque\u00f1o lujo adicional. De vez en cuando, un soldado libio verificaba que en el cubo no bajara ninguna mercanc\u00eda prohibida para nosotros, como alcohol o revistas \u201cindecentes\u201d, pero de todas formas aquellas entregas se hab\u00edan hecho ya rutinarias.<\/p>\n<p>Sin embargo, un d\u00eda en el que hab\u00eda convencido a un tripulante para que me vendiera una botella de vino, al militar libio de guardia en el pantal\u00e1n le dio por verificar el contenido del cubo. Se acerc\u00f3 andando deprisa, con gestos desde lejos, que me dec\u00edan claramente que no me marchara de all\u00ed y que no soltara el cubo. La cuerda permanec\u00eda en la mano del marinero, que observaba la escena desde arriba, tratando de no mostrar miedo y con una sonrisa tan bobalicona como la m\u00eda. El militar, demasiado madurito para ser un soldado raso, se apresur\u00f3 a coger el cubo en el cual la botella destacaba entre las cartas y los peri\u00f3dicos como un ping\u00fcino en Benidorm. El hombre me ech\u00f3 una mirada que quer\u00eda ser severa, y por un momento me imagin\u00e9 a m\u00ed mismo en un calabozo libio. Pero sus ojos se dirigieron inmediatamente a la bolsa de tela que yo llevaba en la mano. La agarr\u00f3 sin decir una palabra, y manteniendo el aire serio con el que me quer\u00eda impresionar, us\u00f3 la bolsa para guardarse la botella de Rioja. Mir\u00f3 al marinero que estaba arriba, me mir\u00f3 a m\u00ed, movi\u00f3 la cabeza con gesto de acusadora resignaci\u00f3n, como diciendo: \u201cestos infieles, no tienen remedio\u201d. Y sin decir nada se march\u00f3 tranquilamente por la pasarela del pantal\u00e1n, girando la cabeza de vez en cuando para observar mis reacciones, mientras yo, en silencio, rogaba a todos los dioses del Olimpo que mandaran un rayo lo suficiente fuerte como para fulminar al milico, pero lo bastante suave como para no da\u00f1ar a la botella. Los dioses ol\u00edmpicos, como era de esperar, pasaron ol\u00edmpicamente de m\u00ed y me dejaron con dos palmos de narices y los bolsillos del mono de trabajo llenos de sobres y peri\u00f3dicos enrollados.<\/p>\n<p>Independientemente de esta peque\u00f1a decepci\u00f3n, la llegada del flamante metanero, de doscientos metros de eslora, constitu\u00eda uno de los mejores momentos en aquella atm\u00f3sfera deprimente. El buque representaba para nosotros un verdadero soplo de brisa europea que nos tra\u00eda noticias del mundo y de la familia. Por eso, sin haber puesto nunca un pie en su cubierta, ni saber c\u00f3mo se llamaban sus tripulantes, el metanero se convirti\u00f3 en algo querido por todos. Por mi parte tard\u00e9 m\u00e1s de treinta a\u00f1os en conocer su historia, casualmente, gracias a un interesante libro de Manuel Rodr\u00edguez, ilustrado soberbiamente por Roberto Hern\u00e1ndez. \u00a1Cu\u00e1ntas veces no hubi\u00e9ramos brindado en Libia por el <strong>Laiet\u00e1<\/strong>&#8230; si hubi\u00e9ramos tenido con qu\u00e9!<\/p>\n<p>&lt;&lt;&lt;<br \/>\n<a href=\"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/MRA_Maritima_del_Norte_ccexpress.jpeg\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-111427 aligncenter\" src=\"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/MRA_Maritima_del_Norte_ccexpress.jpeg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"420\" srcset=\"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/MRA_Maritima_del_Norte_ccexpress-300x210.jpeg 300w, https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/MRA_Maritima_del_Norte_ccexpress.jpeg 600w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&gt;&gt;&gt;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&lt;&lt;&lt; \u00a1Al agua patos! No desvelo ning\u00fan secreto si afirmo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[24901,26067,60,19863,1644,27173,13770,16115,2350,24916,15598,15769,13769,13483,25093],"tags":[],"class_list":["post-111319","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-b-diego-blasco-vazquez","category-b-juan-ivars-perello","category-b-manuel-rodriguez-aguilar","category-b-muammar-gaddafi","category-b-roberto-hernandez-el-ilustrador-de-barcos","category-b-buceadores","category-b-buzos","category-eg-standard-oil-co-of-new-jersey-esso-petrolera","category-gp-ly-libia","category-kn-el-paso-paul-kayser-19790629","category-r-luis-jar-torre-el-paso-paul-kayser","category-r-manuel-rodriguez-aguilar-maritima-del-norte","category-tn-buceo","category-tnb-el-paso-paul-kayser-gasero","category-tnb-laieta-maritima-del-norte"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/111319","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=111319"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/111319\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":111459,"href":"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/111319\/revisions\/111459"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=111319"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=111319"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/grijalvo.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=111319"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}