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Tras llegar a Madrid

para estudiar, en 1953,

le mandaba cartas a mi madre

describiendo la capital de España:

«Está lleno de cuestas…
Además de calles, plazas y avenidas
hay rondas, costanillas, plazuelas, bulevares, riberas…
A las panaderías les llaman tahonas y fábricas de pan…»
Y, además: «A las ocho de la mañana vamos caminando
desde la calle San Vicente Ferrer a la Ronda de Toledo.

Nos encontramos con los basureros
que utilizan unos carros en los que, en capazos,
vuelcan lo que los vecinos de las casas tiran.
En cada carro alguien distribuye la basura
siendo uno de quienes tal hacen
una chica de nuestra edad,
muy guapa y de buen tipo,
a la que hemos bautizado
‘La Venus de la mierda’…»

Pasaron décadas y un día,
en uno de los álbumes de fotos antiguas
que empezó a publicar la Agencia Efe
encontré, en el correspondiente a 1954, a mi «Venus».

Señalaba, además, el lugar exacto donde se tomó la imagen: la Plaza de Santa Cruz.
Es decir, a un tiro de piedra de nuestra ruta matutina que, tras cruzar la Plaza Mayor,
descendía a la Ronda de Toledo por la Ribera de Curtidores.

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