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Vivimos en una constante dicotomía populista:
– Antagónica: Ellos frente a nosotros (las víctimas, los buenos, los nuestros).
– Moralista: Buenos frente a malos, morales frente a inmorales.
– Simplista: El problema único son ellos, nosotros somos la solución mejor al «problema». El problema es «esto» en concreto y nada más casi.
– La ideología incuestionable es saber: Estás con nosotros o contra nosotos.
– La identidad personal se construye alrededor de la ideología. Si me demuestras que lo que digo es falso no lo admito porque ello implica destruir quien yo soy, mi identidad.
– La ideología es extrema porque niega todas las opuestas por definición y no se reevalúa, revisa, ni cuestiona. No hay ideología que no se oponga a las demás, todas son «extremas» en sí mismas.
– Lo factual no importa: Lo sé porque lo vi en la tele, en la prensa, en un meme, porque lo soñé, porque lo dijo Matusalén.
– La opinión se convierte en el tipo de conocimiento predominante: opino esto porque sí y porque así creo que la realidad es lo que a mí me gusta, yo pienso lo que pienso para creerme que el mundo es lo que yo quiero.
Etc…
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