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13 de septiembre de 2025
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Si miro al mar, veo una enigmática biblioteca parecida a la de Babel, ideada por Borges, llena de infinitos volúmenes, escondidos los unos dentro de los otros o apilados en largos pasillos interminables, que se cierran y se abren a tu paso. Al mar tengo que agradecerle el ser lo que ahora soy, el haber adquirido una gota de la sabiduría salada que atesora: fresca, peligrosa, agitada o amarga. Porque, si es cierto que se permanece joven a base de mantener el apetito por el conocimiento, aprender del mar puede llegar a ofrecer uno de los más suculentos banquetes. Alimentándonos cada día, cada año, cada minuto; dejando crecer el cosquilleo constante de la intriga, entre inspiración y expiración.
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la-profesion-del-marino/
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