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El servicio
vespertino
del “zaragoza” era
mucho más tranquilo.
Llegaba a Santa Cruz
algo después
de las ocho de la tarde
y esperaba hasta las nueve,
hora aproximada de llegada
del semidirecto Madrid-Cuenca.
Ahora venía con más tiempo
y se le notaba tranquilo,
sintiéndose protagonista.
Tras estacionarse y apearse
los pocos viajeros que venían en él,
el conductor del automotor
–el automotorista o motorista se le llamaba-
bajaba a estirar las piernas por el segundo andén
y a veces se sentaba al borde del mismo
acompañado en animada conversación
por el jefe de estación, el guardagujas
y alguna otra persona.
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2024/10/12/
recuerdos-del-tren-xii-la-cita
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