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No solo era Luis el ordinario

uno de los personajes habituales, casi icónicos

del semidirecto de Cuenca a Madrid,

o tren de las nueve para los santacruceros.

Había otro que quizás no viajara todos los días

como Luis, pero sí con mucha frecuencia.

Tras pasar Villarrubia de Santiago y Noblejas,

pueblo al que mi padre siempre se refería

-y nunca llegué a saber exactamente la razón-

como “el de las niñas guapas”, llegaba el tren a Ocaña

y yo quedaba a la espera de verle aparecer.

Unas veces me asomaba a la ventanilla si la tenía disponible

y, si no era así, aguardaba a verle llegar por mi vagón

(ya sé que es “coche”, pero en aquella época

todos nos referíamos a ellos como vagones).

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2024/09/22/

recuerdos-del-tren-ix-el-hombre-de-las

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