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Cuando nos acordamos

de las treinta monedas de Judas,

también nos viene a la cabeza

que los corruptos de ahora

sólo se mueven por cifras

mucho más abultadas.

El importe del epígrafe no corresponde a un fraude: mientras ningún juez se pronuncie sobre la legalidad de las ¿operaciones mercantiles? que han generado la ¿deuda fiscal? que nos ocupa, no hay ningún reproche que hacer. Todo ha sido correcto: circulen, no hay nada que ver aquí. Peeero… hay algunos cabos sueltos en la declaración del impuesto de Sociedades: unas facturas poco claras, que la Agencia Tributaria no da por buenas.

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2024/03/27/

juan-manuel-grijalvo

-350-951-monedas/

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