<<<

El parque del material móvil museístico

no cumple siempre el requisito principal:

que sea movible.

En la mayor parte de los casos,

las piezas se exponen en grandes naves,

inmóviles, carentes de vida

y desprovistas de su principal propiedad:

el desplazamiento por sus propios medios.

Muchos de esos vehículos

nunca van a poder recuperar la actividad

para lo que son concebidos, el movimiento.

Si bien se hace asumible

la exposición de este tipo de vehículos

(a veces amontonados

y sin ningún criterio museístico),

resulta inaguantable

la mera exposición

en rotondas, plazas y jardines

o en cualquier otro lugar

que vuestra imaginación perciba,

como simples objetos ornamentales.

Tal es el caso de las máquinas

que se colocan sobre pedestales

para rendirlas un hipotético homenaje

y que se consideran simplemente como macetas.

Más invisible que imperceptible, relegada al último rincón de uno de los andenes de la estación bilbaína de  Abando, aguanta estoica una de nuestras joyas, la  ‘Izarra’, castigada por el paso inclemente del tiempo y desnuda de cuidados. Un grupo de amigos del ferrocarril trabaja para intentar que recobre el brillo que tuvo esta máquina de vapor, único vestigio vivo de la llegada del tren a Bilbao hace ahora 157 años. La vetusta locomotora, una auténtica joya del patrimonio ferroviario vasco, quizá recobre en un futuro parte del esplendor con el que fue bautizada y se convierta, de verdad, en la estrella que dé luz a la época que puso a la capital vizcaína en camino hacia la modernidad.

<<<

https://treneando.com/

2020/05/10/

joyas-en-custodia-izarra/

>>>