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20 de marzo de 2019
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La publicidad turística
del Metro de Estocolmo
invita al viajero a sumergirse
en este modo urbano de transporte
como una de las ineludibles
atracciones de la capital nórdica.
Argumenta
que en las siete líneas y 100 estaciones
de sus 170 kilómetros de subterráneos
se encuentra ubicado
«el museo de arte más largo del mundo».
Todo argumento es válido
en la moderna mercadotecnia
del boyante negocio viajero,
cuando el precepto
es engordar el elenco de reclamos
que puedan arrancar a un turista
la elección del destino que tú patrocinas,
antes que dirigir sus pasos a cualquier otro lugar.
El turismo es saludable e ilustrativo para el que viaja
y, hasta la fecha, se consideraba rentable e inocuo para el anfitrión.
Algunas ciudades mueren de éxito turístico
y sus ciudadanos han comenzado a aborrecer al visitante.
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