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Hace tres días, todos los miembros

de una determinada profesión,

en cualquier parte del mundo,

celebraron el aniversario

de la muerte de un personaje

que ha salvado

miles y miles de vidas.

124 años han pasado desde que

Conrad Dietrich Magirus

nos dejó.

¿Que no os suena ese nombre? Pues casi que mejor que no os suene. Porque, lo que suena cuando sus inventos se ponen en acción, es la sirena de los bomberos…

Cuando el bueno de Conrad fue nombrado Bombero Voluntario en Ulm, la ciudad alemana donde nació, pronto se dió cuenta de las dificultades de su labor y de los escasos medios con los que contaban a mitad del siglo XIX. Así que se puso a cavilar cómo podía hacer más facil y seguro el trabajo de los bomberos, y le dió por inventar la escalera extensible. Que luego fue plegable, luego articulada, luego remolcada, y luego la diseñó de tal manera que muchos años después sus discípulos la pusieron en un camión.

Hoy día, los inventos de Magirus siguen evolucionando y mejorando, para ayudar a los bomberos de todo el mundo. Y gracias a su fiabilidad, los profesionales que los usan ayudan a salvar muchas vidas. Pero, del bueno de Conrad, no se acuerda nadie hasta que leen su apellido en camiones y escaleras.

Dejo aquí estas lineas como homenaje, y para que su nombre y su trabajo no se difumine como humo…

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