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20220109

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En estos primeros días del año

se leen muchos recordatorios

de aniversarios que

van a tener lugar en 2022,

así que he aprovechado

estas vacaciones

para volver a ver la película

que me puso por primera vez

en contacto con la ciencia ficción

y que se estrenó en 1972,

hace medio siglo.

Creo que tendría seis años cuando la vi con mis padres en un cine de verano, y obviamente no me enteré de gran cosa, aunque la pareja de robots que acompaña al protagonista me hizo mucha gracia y se adelantó en unos pocos años a los robots de Star Wars, pero ni de lejos alcanzaron la misma popularidad.

Luego la volví a ver varias veces años después y siempre me ha sorprendido lo fresco que conserva su mensaje; yo diría que incluso está más fresco ahora que en 1972. La idea de un planeta Tierra cuya flora se va al garete por culpa de alguna crisis climática provocada por la acción del ser humano y un programa para conservarla en naves espaciales que funcionan como gigantescos invernaderos suena a argumento de ciencia ficción escrito esta misma tarde. Igual de moderno resulta el protagonista (un papelazo del actor Bruce Dern) que recibe la orden de destruir las naves porque ya no hay presupuesto para mantenerlas, pero su conciencia medioambiental le lleva a defender los invernaderos caiga quien caiga.

Y no hay que perderse sus discursos contra los alimentos procesados y a favor de la agricultura extensiva que él practica en la nave, porque podrían pasar por declaraciones emitidas en el último telediario.

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