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Los renglones que siguen

tienen dos caras, como el dios Jano.

Por una parte, podríamos decir

que son un epílogo

para «El mal de Corcira».

Y por otra, que los he pensado

como una pequeña guía

dedicada a los lectores

que han llegado a la obra

de Lorenzo Silva

«aterrizando» en este libro.

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«El mal de Corcira»

es la décima novela -y duodécimo título- de la serie de Bevilacqua y Chamorro.

En alguna de las anteriores hay unas pocas, muy pocas, y muy breves, alusiones

a los años de plomo que pasó Bevilacqua en Guipúzcoa.

La primera: en «El lejano país de los estanques» nos dice que

«No era cuestión de resucitar para él

mis recuerdos de los dos años que pasé en el Norte.

Gracias a ellos pagué la entrada del piso,

pero también guardo en la memoria

una oquedad en la que me prometí no revolver nunca.

Nadie en sus cabales añora estar encerrado entre cuatro paredes

y no salir a la calle si no es con el chaleco antibalas y el fusil de asalto».

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Anoté el dato en un esbozo de «línea de tiempo»,

que he ido completando con otras fechas del «mundo real»

a medida que iba leyendo las novelas.

En «La marca del meridiano» hay otra pincelada útil:

«… alzó la mirada, con dificultad. […]

– Lo conocí hace treinta años, en Vizcaya – comenzó.

– ¿Tanto como para tener amistad? – pregunté.

– Entonces sí, pero no tanta que durara más allá del cambio de destino.

Lo que allí pasábamos y teníamos enfrente ayudaba a unir al personal.

Luego, cuando vino la distancia, nos perdimos la pista».

Y la oquedad empieza a abrirse en «Lejos del corazón».

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Repasemos algunas cosas que ha visto usted en «El mal de Corcira».

Ese «hilo directo» que tiene Bevilacqua con Pereira existe desde el principio de la serie,

pero los lectores «de antes» no sabíamos su origen, aunque pudiéramos, digamos, barruntarlo.

Usted sabe eso, y también una serie de detalles que le harán entender sin dificultad

una serie de cosas que Bevilacqua pensará, dirá y hará en todas esas novelas

que -para usted- son «el futuro»… y también «el pasado»,

porque la investigación de «El mal de Corcira» es «de ahora mismo».

Es una especie de «cinta de Moebius» que usted cerrará

si lee toda la serie por orden hasta «Lejos del corazón»,

que va a ser su premio, como lo fue para mí…

hasta que tuve en las manos el libro que nos ocupa hoy.

Ya ve que llevaba bastante tiempo esperándolo.

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La visión de Bevilacqua es muy buena y muy útil.

Como dice Pereira, tiene ideas propias, no se las calla y es un observador agudo.

Y como dice Lorenzo Silva,

combina la hondura del buen conocedor con la distancia del forastero.

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Si le ha interesado la personalidad de Bevilacqua,

le sugiero que lea «Líneas de sombra»,

pero no en cualquier momento: sólo después de las cuatro primeras novelas.

Hallará muchos datos útiles. Le recomiendo especialmente

la «Teoría (informal) de la novela benemérita».

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Si le ha gustado la parte más policíaca de «El mal de Corcira»,

probablemente le interesarán todas las novelas de la serie.

Naturalmente, unas más que otras, y seguramente por motivos diversos…

que tendrán poco -o nada- que ver con los míos.

Usted tendrá los suyos, porque todos somos hijos de unos lugares y de unas épocas.

Nuestras experiencias vitales son diferentes. A veces, incomunicables.

Por ejemplo, ¿qué opina usted de esta cuestión?

«Esos fantasmas lo conducirán a una incómoda pregunta que como ser humano

y como investigador criminal le concierne inexcusablemente:

¿en qué medida nos conforma aquello contra lo que luchamos?»

Hay muchos datos valiosos en el libro, que nos sirven

para, digamos, enmarcar esta pregunta. Por ejemplo:

042 – rencor acumulado a lo largo de décadas de imposición despótica…

423 – la mayor experiencia antisistema exitosa de Europa occidental.

Hay un libro, «Política y delito», de Hans Magnus Enzensberger, que trata de todo eso.

Las estructuras de los aparatos estatales de represión no están Más Allá Del Bien Y Del Mal.

Están compuestas por simples seres humanos,

individuos falibles y corruptibles, con puntos fuertes y débiles,

que viven siempre en la frontera de «lo legal». A veces, la cruzan.

Tal vez procede que releamos el capítulo 26, «El viento en la red»,

buscando elementos para responder a esa pregunta.

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Esta cita es de «Recordarán tu nombre»:

«Es la memoria serena y completa

de la infamia,

y no su olvido interesado y selectivo,

lo que permite hacer justicia

al pasado, al presente y al futuro».

Otro punto de vista que podría serle útil:

«Sandkings», de George R. R. Martin.

Hay traducción castellana: «Los reyes de la arena».

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«El mal de Corcira» también es

una crónica de viajes. Para mi gusto, magistral.

Si quiere seguir explorando los mundos de Lorenzo Silva

le sugiero que empiece leyendo «Del Rif al Yebala».

Es un viaje mental por Marruecos,

por el espacio y por el tiempo,

por la Geografía y por la Historia.

Cuando lo acabe,

ya me dirá usted si tiene más o menos ganas de visitar el país

que antes de leerlo. Lo ideal es leerlo *después* de haberlo visitado.

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Si llegó al libro que nos ocupa hoy

porque le interesa la Historia con Mayúscula,

y no piensa leer más novelas policíacas

porque eso de la investigación de homicidios le parece un género «menor»,

le sugiero que lea «Recordarán tu nombre».

Lorenzo Silva dice que es el libro más importante que ha escrito.

No estoy en condiciones de confirmarlo porque todavía no he leído su obra completa,

pero sí le diré que es un muy buen trabajo sobre la Historia de este pobre país.

Me ha roto varios esquemas, cosa que siempre es de agradecer.

Si lo lee, tal vez se decida a emprender el periplo de Bevilacqua y Chamorro:

en estas novelas, Lorenzo Silva hace,

tal vez sin pretenderlo, y en todo caso, sin pretensiones,

unos estudios que me parecen muy útiles sobre lo que *es* de verdad este país.

Con ellos nutre los instructivos diálogos

que adornan, esmaltan e ilustran estas novelas, y es que

«Siempre fuiste un filósofo. Demasiadas lecturas, Gardelito».

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Igual es por todo eso que la reedición de «El lejano país de los estanques»

viene prologada por Paul Preston, un historiador reconocido

que reconoce a Lorenzo Silva como uno de los suyos.

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Sea usted bienvenido a la compañía alegre

de los esforzados lectores de Lorenzo Silva.

Espero que le resulte tan grata como a mí.

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