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En la Antigüedad

la navegación

en el Mediterráneo

no era fácil,

ya que en poco tiempo

podían levantarse olas

que hicieran zozobrar

cualquier nave.

Esto ocurría incluso en los periodos de mare apertum,

es decir cuando hacía buen tiempo y era recomendable iniciar los periplos.

Aparte de estos peligros conocidos,

existían costas terriblemente recortadas e irregulares

que dificultaban el avance.

En la antigua Grecia los barcos que se dirigían

desde el mar Adriático a la parte este del Mediterráneo,

debían recorrer toda la costa del Peloponeso

hasta llegar al mar Egeo.

Suponía un largo trayecto, que además era muy peligroso.

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El Diolkos era una carretera pavimentada con piedra caliza que tenía

dos profundos surcos paralelos, que corrían a una distancia de 1.50 metros uno del otro.

Cada uno se denominaba olkos, lo que dio como resultado el nombre de Diolkos,

por dichos surcos.

En el punto de partida, en el golfo de Corinto, llegó a tener un ancho de 10 metros,

que iba disminuyendo a lo largo del camino, siendo su media entre 3,50 y 6 metros.

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2018/10/30/

una-antigua-via-terrestre-para-barcos-diolkos/

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