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LAS LENGUAS DE LA INMIGRACIÓN

Durante estas últimas décadas,

el panorama lingüístico de las islas Baleares

ha cambiado muy sustancialmente.

En esto, hemos seguido la misma tendencia

que se ha podido observar

en todos los países de nuestra parte del mundo,

pero con algunos elementos diferenciales

que vale la pena que remarquemos.

El más importante de todos, por supuesto,

es que no hemos podido ofrecer nuestra lengua propia, el catalán,

como lengua de incorporación a nuestro país, a nuestra sociedad,

por lo que el proceso natural de incorporación lingüística

en la sociedad de acogida no se ha producido con normalidad.

La diferencia entre la primera oleada inmigratoria, que vino a remolque del inicio del turismo, y la segunda, que ha tenido lugar durante las tres últimas décadas, tienen asimismo una diferencia fundamental: la primera era homogénea, formada en su mayor parte por personas de habla española, mientras que la segunda ha sido extraordinariamente plural y diversa. La procedencia lingüística, evidentemente, guarda relación con la procedencia geográfica. Mientras la primera inmigración procedía de España, la segunda procede de todas las partes del planeta.

Actualmente, en las Islas Baleares se hablan unas doscientas lenguas diferentes, de las que hay entre veinticinco y treinta que cuentan con miles de hablantes. ¿Cuáles son estas lenguas? La primera de todas sigue siendo el español, por la primera inmigración, a la que hay que añadir el grupo de personas procedentes de países de habla española (la mayoría de las cuales tienen el castellano como primera lengua, aunque hemos de contar lenguas que a veces quedan oscurecida por las estadísticas, como el quechua, el guaraní o el aymará). Y detrás tenemos lenguas como el árabe, el amazigh, el gallego, el rumano, el alemán, el italiano, el inglés, el francés, el wolof, el bambara, el tagalo, el chino mandarín, el chino wu, el hakka, y un largo etcétera.

A la hora de determinar cuáles son las lenguas de los recién llegados a nuestras islas se presentan problemas que tienen que ver con la conciencia lingüística de los hablantes y con la situación en que se encuentran las respectivas lenguas en los lugares de origen. Así, por ejemplo, hay hablantes de lenguas que no son el mandarín que, a la hora de especificar cuál es su lengua, dicen que es el «chino». Resulta habitual encontrar personas que no hablan «chino», pero en la concepción china de la interrelación entre lenguas el mandarín ocupa el lugar preeminente, y las otras son reducidas a la categoría de lo que, en términos nuestros, podríamos llamar «dialectos». Así pues, podemos suponer que hay hablantes de lenguas propias de China diferentes del chino que nos aparecerán clasificados como hablantes de «chino», incorrectamente.

Algo parecido ocurre con los no siempre bien llamados hispanoamericanos. Las lenguas amerindias, en general, se encuentran en clara situación de minorización, fruto de la marginación histórica a que han sido sometidas (y que, de manera bastante general, sigue manteniéndose hoy en día). Así, no resultará demasiado extraño que haya hablantes de lenguas como el quechua, el aymará, el mapuche, el maya (en sus diversas versiones), el tolteca, el azteca, y, más raramente, el guaraní que se presenten a sí mismos como hispanohablantes, y que se «olviden» de referir su lengua materna auténtica. Y fenómenos similares podemos encontrar también entre los europeos. Seguramente hay occitanoparlantes en nuestras islas que cuentan como francoparlantes (no debe haber muchos, pero no es imposible que esto ocurra), o personas que hablan sorabo y que cuentan como hablantes de alemán, o hablantes de otras minorías que esconden su condición y se escudan, a veces por pura diglosia, en la mayoría.

A la hora de abordar toda esta problemática referida a la clasificación y el recuento de lenguas y hablantes noveles en nuestro país, uno de los casos más interesantes es el del amazigh, desde nuestro punto de vista. El amazigh es la lengua… ¿de cuántos hablantes del norte de África que han venido a vivir a las Islas Baleares? La pregunta no resulta banal: para poder responder correctamente, deberíamos saber cuántos hablantes de amazigh hay que, al ser preguntados sobre su lengua, responden que es el árabe. Y la respuesta dice más de la situación del amazigh en los lugares de origen que no de la lengua que hable cada uno.

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EL AMAZIGH, PRESENTE Y DESCONOCIDO

El amazigh es una lengua bien presente en las Islas Baleares, aunque la mayoría de los habitantes de nuestro país no saben nada, ni siquiera conocen su existencia. La mayoría de los hablantes de amazigh que viven entre nosotros proceden de Marruecos, pero, como ya hemos apuntado, resulta muy difícil de determinar, debido a la diglosia existente, cuántos marroquíes tienen el árabe como primera lengua y cuántos tienen la amazigh o bereber. La lengua amazigh es hablada por doce millones de habitantes de Marruecos, es decir, por alrededor de un 40% de la población marroquí. Si uno viaja por Marruecos o lee guías turísticas, la tendencia -habitual entre los mayoritarios en relación a los minorizados- es reducir el número de hablantes de amazigh y acrecer artificiosamente el de hablantes del árabe. Recuerdo haber hecho un viaje a Marruecos hace unos veinticinco años, en la que se nos decía que había un 12% de hablantes de amazigh. Y, por supuesto, los relacionaba con las áreas rurales y montañosas. El amazigh, pues, era presentado como algo propio del Rif, si queremos, o de los tuaregs, que aún son más exóticos, pero no como una lengua habitual en todo Marruecos.

En Argelia la población de habla amazigh es de unos siete millones de habitantes, que suponen aproximadamente una cuarta parte de la población del país. En este Estado, a pesar de que el amazigh no tiene reconocimiento como lengua oficial, sí es reconocida como lengua nacional y, según las zonas, se enseña en las escuelas y disfruta de un cierto reconocimiento. En determinadas áreas de Marruecos, siempre que sean de mayoría amazigh, también se puede observar una mínima apertura por parte del gobierno.

Aparte de Marruecos y Argelia, los dos países donde vive el grueso de los hablantes de la lengua amazigh, el amazigh se habla en islas geográficas (a menudo no interconectadas entre ellas) de diferentes países africanos: Túnez, Mauritania, Libia, Egipto, Burkina Faso, Níger, Nigeria y Mali. En total, en el mundo hay unos veinte millones de hablantes de amazigh. Del amazigh se nos hace presente, de manera muy gráfica, su antigua escritura: el tifinagh. La hemos visto muchas veces, referida simbólicamente a las islas Canarias. Efectivamente, la población canaria prehispana también era de habla amazigh. Los guanches hablaban amazigh, pero los castellanos se lo arrebataron y lo sustituyeron por su lengua. El orgullo canario, sin embargo, aún se representa a través del tifinagh. Como ocurre también con las corrientes reivindicativas de la pluralidad cultural real de un lugar como Melilla, donde el 40% de la población habla amazigh habitualmente. Hoy en día esta escritura sólo se conserva viva entre los tuaregs.

Como ya hemos apuntado más arriba, el reconocimiento del amazigh es muy desigual. En Argelia es reconocido como lengua nacional, pero no goza de la condición de lengua oficial del Estado, y su presencia en los ámbitos formales depende mucho del voluntarismo de los amazigoparlantes. En Marruecos también se especifica la condición de lengua nacional, pero no es considerada oficial del Estado y a menudo la expresión en esta lengua es interceptada o dificultada por parte de los organismos estatales del reino Alauita. Sin embargo, tanto en el Rif como en la Cabilia existen fuertes reivindicaciones de tipo cultural (que, como no podría ser de otra manera, acompañan a reivindicaciones de carácter más general). No hace falta decir que en España, en la plaza o ciudad autónoma de Melilla, el amazigh tampoco goza de la condición de lengua oficial.

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LENGUA, NACIÓN Y RELIGIÓN

Recuerdo una conversación que tuvo lugar, hará unos veinte años, con el amigo Mohand Tilmatine, profesor de amazigh en la Universidad de Cádiz y una de las primeras autoridades académicas a nivel mundial en el estudio de esta lengua, en la que me decía que no se podía comparar el conflicto entre el catalán y el español con el conflicto entre el amazigh y el árabe porque «catalán y español son lenguas humanas, pero nosotros tenemos el conflicto con una lengua divina».

Ciertamente, la arabización lingüística del norte de África se ha hecho al socaire de la implantación de la religión musulmana. El árabe clásico, como bien explicaba Fergusson hace años y años, es la variante considerada culta y prestigiosa en los países de religión musulmana, mientras que las diferentes variantes, que de hecho son como lenguas diferentes, tienen la consideración de meros dialectos. Con la mentalidad interferida por la religión a la que hacemos referencia, una variante del árabe como el habla llamada «dariyyia» guarda la misma relación con el árabe clásico que pueda guardar, por ejemplo, una lengua diferente, una lengua que ni tan sólo es de la familia de las lenguas semíticas, como el amazigh. El hecho de que el árabe clásico esté fosilizado y mantenga exactamente los mismos rasgos del árabe que aparece en el Corán constituye una debilidad y una fortaleza a la vez. Es una debilidad porque, al no evolucionar y cambiar como un ente vivo, está encorsetado a la hora de, por ejemplo, ponerse en el plano de la creación literaria. Lo explica muy bien, por ejemplo, el poeta sirio Ali Ahmad Esber, uno de los pocos poetas árabes que ha sido propuesto varias veces para el Premio Nobel de Literatura: la sacralidad del árabe le impide la ductilidad necesaria para que pueda florecer en él una literatura interesante, viva, vinculada con el mundo real y no sólo con la liturgia.

Pero esta misma debilidad se reviste con la fuerza de la religión, y sirve para oscurecer cualquier lengua diferente que se pueda hablar entre los fieles seguidores de los dictados del Corán. El hecho de reivindicar las lenguas que se hablan en las zonas donde el árabe se ha implantado a través de la fuerza de la religión (y de las conquistas por parte de pueblos arabófonos, en el pasado) siempre resulta problemático, porque la mera reivindicación ya convierte a quien la hace en sospechoso de poco devoto. Y esto, en determinados países, puede resultar extremadamente problemático.

No debería ser así, sin embargo, en el Reino de España. Teniendo en cuenta que España es un Estado laico, no debería problematizar una cuestión que la laicidad puede mantener bajo control. ¿A qué viene esta referencia? A que a la hora de contabilizar la población de Melilla, el gobierno de la ciudad autónoma hace distinción entre «cristianos» y «musulmanes». Según el gobierno de Melilla, hay en la ciudad un sesenta por ciento de «cristianos» y un cuarenta por ciento de «musulmanes». Como me decía un amigo amazigh agnóstico, «¿dónde quedan los que no practican ninguna religión?» ¿Por qué regla de tres, dentro del Reino de España, se lleva a cabo una división poblacional en función de la supuesta religión que practican los miembros de cada comunidad, especialmente si tenemos en cuenta que entre los amazigoparlantes hay muchos que no son musulmanes? ¿Por qué lo han hecho? De dónde salen estas denominaciones equívocas? ¿Les parece que queda mejor decir «musulmanes» que no, directamente, «moros»? Y, por otra parte, ¿qué interés puede tener el Reino de España en entregar a unos ciudadanos con pasaporte español, muchos de ellos agnósticos o no practicantes de ninguna religión, en manos de los «musulmanes»? ¿Quién puede tener interés en configurar la identidad de estos grupos poblacionales en función de la religión?

La tendencia que se muestra descarnadamente en Melilla también existe en nuestras islas y en otros lugares de los Países Catalanes y de Europa en su conjunto. Es como si los descreídos de nuestra parte del mundo tuvieran que lavarse el alma atribuyendo a todos los norteafricanos, por ejemplo, la condición de musulmanes. Es decir, la condición de practicantes de alguna religión. Y quien habla de la gente del norte de África puede hablar igualmente de la gente de Oriente Medio. No puedo evitar recordar, en este punto, una comida en la que dos europeos compartíamos mesa con un palestino, Fouad Riz. Al venir el camarero con la carta de vinos, el otro europeo señaló el amigo Fouad y dijo que no tomaríamos vino. Yo le pregunté al palestino si lo quería blanco, tinto o rosado. Escogimos el tinto, creo recordar. Y bebimos nosotros dos. El otro europeo ya había metido la pata y tuvo que conformarse con agua. Mohand Tilmatine, también buen amante del vino, se ha encontrado más de una vez en situaciones absurdas como ésta.

Hacemos muy mal, por lo tanto, cuando suponemos varias cosas que sólo pueden ser derivadas de los prejuicios: que los norteafricanos que viven entre nosotros hablan todos árabe, cuando la mitad hablan amazigh (lo he escrito sin referencias, como ya he apuntado antes); que los marroquíes o los argelinos son necesariamente musulmanes (algunos son completamente laicos, o practican otras religiones, por ejemplo, hay protestantes argelinos, o judíos melillenses), y un largo etcétera de tópicos que no se aguantan por ninguna parte.

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EL AMAZIGH EN LAS ISLAS BALEARES

Ya hemos apuntado más arriba que resulta muy difícil determinar el número de hablantes de amazigh que hay en las Islas Baleares. No nos podemos fiar de lo que dicen las personas que se manifiestan como hablantes de una u otra lengua, en muchos casos. Por lo tanto, los datos que tenemos son sólo indicativos, y con toda probabilidad hay muchos más de los que refieren las cifras que comentaré a continuación.

En un estudio de Caterina Canyelles del año 2012 (Canyelles: 2012), sobre las lenguas de la inmigración en las Islas Baleares, se dice que hay unos 20.000 hablantes de árabe y más de 5.000 hablantes de amazigh entre nosotros. Tres años después, un estudio del Departamento de Filología Catalana de la Universidad de las Islas Baleares decía que hay 19.000 hablantes de árabe y 6.700 hablantes de amazigh. En esta cuestión, tampoco los datos del IBESTAD son muy claros, ni excesivamente fiables. Ni lo pueden ser, teniendo en cuenta los elementos sociolingüísticos que son determinantes a la hora de establecer estas cifras.

Sean cuales sean los datos poblacionales, resulta del todo evidente que, a nivel formal, se presta, incluso proporcionalmente, e incluso si las cifras expuestas las dieran por buenas, mucha más atención al árabe que al amazigh. De manera regular, la lengua árabe es enseñada en multitud de comunidades de Baleares. No quisiera, en este punto, ser mal entendido. Quiero expresar, sencillamente, que muchos árabes lo pasan a los hijos, y muchos jóvenes y algunos adultos lo aprenden en las mezquitas. Y esto es lógico en una población que quiere mantener su identidad y sus raíces. Pero, llegados a este punto, deberíamos tener en cuenta, por ejemplo, el desfase en relación al bereber. ¿Cuántos hablantes de amazigh, a la hora de transmitir su tradición a los hijos, lo hacen a través del árabe? ¿Cuántos estudiarían amazigh, y estudian árabe porque es lo que tienen a mano en sus comunidades?

Y, expresado todo lo que precede, llegamos al meollo de lo que querríamos transmitir. En toda nuestra parte del mundo (y al mundo en general) existe hoy en día un grave problema de orden público, que tiene que ver con el mal uso (e incorrecto, según algunos teólogos) que se está haciendo del Islam. Al abrigo de un Islam mal entendido hay grupos que quieren socavar los cimientos de nuestra civilización, de nuestra manera de entender el mundo. Hablar de las causas de este hecho necesitaría muchas más páginas de las que disponemos en este papel concreto. Y seguramente no acabaríamos de desentrañarlas. Del mismo modo que, como personas que compartimos determinados valores (igualdad entre hombres y mujeres, libertad sexual, democracia política, resolución pacífica de los conflictos, y un largo etcétera), debemos apoyar a aquellos musulmanes (ahora hablo de devotos, de practicantes de la religión llamada Islam) que comparten estos mismos valores, frente a aquellos que se manifiestan abiertamente en contra, con la misma fuerza y ​​con la misma razón deberíamos apoyar a los no árabes que se resisten a la arabización y a los no practicantes de la religión musulmana que quieren continuar sin practicarla.

Dicho de otro modo, deberíamos prestar más atención a los amazighs y los valores que la amaziguidad conlleva, para neutralizar opciones más peligrosas, y para salvaguardar un mínimo de equidad y de justicia. Tenemos entre nosotros marroquíes y argelinos que son laicos, que tienen unos estándares de igualdad de género muy superiores a los de sus compatriotas árabes, que comparten la mayor parte de nuestros valores, que escriben su lengua con el alfabeto latino, que reivindican libertades que a nosotros nos ha costado mucho alcanzar y que hablan una lengua distinta del árabe. Aunque fuera una estrategia, cualquier gobierno mínimamente inteligente debería prestarles atención. Y no hay que hacer grandes cosas: bastaría hacer visible la comunidad de habla amazigh, valorar su lengua y su cultura, organizar cursos de amazigh (a cargo de las instituciones), y promover el conocimiento del amazigh entre las personas de aquí que puedan estar interesadas. Y, sobre todo, hacerlos visibles a través de la comunicación pública. Porque, desengañémonos, pueden ser uno de nuestros diques de contención (y no es que vayamos sobrados de ellos) contra el fundamentalismo islámico. Y sobre todo, porque tenemos tantas cosas en común que nos debería indignar la invisibilidad a que los estamos sometiendo.

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BIBLIOGRAFIA

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CANYELLES, Caterina

Les llengües de la immigració a les Illes Balears

Llengua i Ús, núm. 51. Barcelona, 2012.

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C. CASTELLANOS, I. CHILCH, M. TILMATINE, AMALAL USIWEL ASDAWAN

Tamazight-takatalant. Guia de conversa universitària amazic-català

Servei de Llengua Catalana. Universitat de Barcelona. Barcelona, 2005.

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DEPARTAMENT DE FILOLOGIA CATALANA I LINGÜÍSTICA GENERAL DE LA UNIVERSITAT DE LES ILLES BALEARS

Les vint-i- cinc llengües més parlades a les illes Balears

Palma, març de 2015.

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ESBER, Alí Ahmad

Printemps arabes, religion et révolution

Éditions de la Différence. París, 2014.

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TILMATINE, Mohand

Enseignement des langues d’origine et immigration nord-africaine en Europe: Langue maternelle ou langue d’Etat

Institut National des Langues Orientales. París, 1997.

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