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Dos psiquiatras salen de su edificio juntos,

al cabo de una jornada prolongada.

El más joven está totalmente extenuado,

con el cabello aplastado, la ropa arrugada y el rostro fatigado y sudoroso.

El de más edad, por el contrario, tiene el aspecto de haber terminado de hacer una siesta.

– Meyers -dice el más joven. – No lo entiendo. Has estado trabajando todo el día y luces como si estuvieras listo para otras ocho horas. No sé cómo lo haces. Mis pacientes me vuelven loco. Vienen a mí trayendo todos los problemas de la ciudad con ellos. Debe ser igual con tus pacientes. ¿No te cansa y deprime estar sentado todo el día allí, escuchándolos?

– ¿Escuchándolos? -contesta Meyers.- ¿Quién los escucha?

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