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La comunidad judía

de cierta ciudad norteamericana

deseaba contratar a un rabino.

Apareció un candidato y la dirección de la sinagoga local envió un telegrama pidiendo referencias a la comunidad donde el rabino había actuado antes. Les respondieron: «Es comparable a Moisés, Shakespeare y Demóstenes»; por lo tanto contrataron al rabino de inmediato.

No obstante, el hombre resultó un tremendo fiasco, sobre todo porque hablaba muy mal. La dirección de la sinagoga reclamó a la otra comunidad y recibió una carta que decía: «Confirmamos los términos de nuestro telegrama. Nuestro ex rabino es comparable a Moisés porque igual que él, no sabe inglés; a Shakespeare, porque Shakespeare tampoco hablaba ídish, y a Demóstenes porque también es tartamudo».

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