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Hitler, cierto día, queriendo conocer

el comportamiento de su pueblo,

llamó a un grupo de personas representativas.

Todos hicieron grandes elogios al führer,

con excepción de un sabio rabino

que no abrió la boca desde su llegada.

– ¿Por qué está tan callado? ¿Qué sucede?

– Estaba pensando – respondió calmosamente el rabino.

– ¿Pensando en qué? – volvió a preguntar el führer.

– Vea, Excelencia. Yo meditaba acerca de un problema realmente interesante. El Faraón fue un terrible antisemita. Los judíos finalmente nos fuimos de Egipto y para recordarlo comemos matzot en nuestra Pascua. Hamán también fue un terrible enemigo de los judíos y para recordarlo comemos un postre delicioso llamado Hamantash. En este momento estaba pensando, Excelencia, qué es lo que vamos a comer en homenaje suyo.

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