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Pero el olvido de la función

y sobre todo la pervivencia de los símbolos

que la misma podía haber dejado

en los edificios que se construyeron para albergarla

están ahora mismo produciendo un nuevo caos urbano

del que todavía nadie parece darse cuenta.

Las Casas de Beneficencia albergan Consejerías o Museos,

las Iglesias son salas de conciertos,

los grandes palacios de la vieja nobleza están ocupados por Bancos,

las viviendas de la burguesía por oficinas,

las estaciones de ferrocarril por salas de exposiciones,

los conventos cistercienses por parques temáticos para turistas,

y así sucesivamente.

Con tal de salvar las carcasas arquitectónicas

parece que cualquier función es buena.

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