José de Ariztimuño y Olaso, «Aitzol»

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18 de marzo de 1896 – 17 de octubre de 1936

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En mayo de 1937, un manifiesto de intelectuales católicos franceses contra el encono adquirido por la lucha en España comenzaba así: «La guerra civil española está adquiriendo en el País Vasco un carácter particularmente atroz». El manifiesto va encabezado por una firma bien conocida: François Mauriac. ¿Qué mueve a estos intelectuales franceses católicos a expresar su solidaridad con el pueblo vasco y condenar el alzamiento militar? «Está fuera de toda duda – dice el manifiesto – que el pueblo vasco es un pueblo católico y que el culto católico jamás se interrumpió…»

La gran conmoción internacional por la suerte del pueblo de Vasconia fue estimulada por el juicio y fusilamiento de algunos sacerdotes vascos (dieciséis, según unas fuentes, once, según otras) por los nacionalistas durante la campaña del Norte.

La región vasco-navarra abarca el área más singular del complejo mosaico de contradicciones y radicalismos que constituyen el «fenómeno español». La guerra civil rompió el precario equilibrio que conservaba y, así, los requetés navarros y los nacionalistas vascos – que se habían abrazado en Estella con ocasión del Estatuto de 1931 – luchan implacablemente entre sí a partir del 18 de julio de 1936, pese a la acendrada fe católica que ambos profesan. También explica hechos tan contradictorios como la alianza de los separatistas vascos con grupos irreligiosos de acción ultrarrevolucionaria, o la represión ejercida por el victorioso Ejército nacionalista del Norte contra religiosos vascongados de probada adhesión al movimiento separatista.

Uno de estos sacerdotes, tal vez el más famoso, fue el Padre José de Ariztimuño, más conocido en los medios regionalistas por su sobrenombre de batalla: «Aitzol». Nació en Cegama (Guipúzcoa) y fue alumno destacado del seminario de Vitoria y de la Universidad Pontificia de Comillas. Su inclinación personal le llevó a profundizar en el estudio filológico e histórico de su país natal y de su pueblo, en cuyo conocimiento llegó a ser una autoridad. Fundador de la revista de cultura vasca «Yakintza», fue también uno de los principales promotores de la Sociedad «Euskalzaleak».

El nacionalismo vasco – cuyo apóstol fue Sabino Arana Goiri -, de profundas raíces católicas y conservadoras hundidas en el carlismo del siglo XIX, contó entre sus filas a muchos sacerdotes como el Padre Ariztimuño. En una situación tensa y compleja como la del País Vasco, la vocación intelectual o la dedicación pastoral llevan fácilmente al compromiso político.

El advenimiento de la República significó para el nacionalismo vasco la posibilidad de conseguir su ideal de autonomía. Los diputados nacionalistas reunidos en Estella votan el Estatuto vasco que debería ser aprobado por las Cortes españolas. El Partido Nacionalista desarrolla una gran campaña: los animadores son Aguirre, Irujo y el Padre Ariztimuño. Sus apasionados y documentados artículos en los diarios «Euzkadi» (órgano del Partido Nacionalista Vasco) y «El Día» convirtieron al Padre Ariztimuño en un personaje muy popular en la región.

El estallido del 18 de julio y la guerra civil colocaron al Partido Nacionalista Vasco ante un doloroso dilema. De un lado, su composición social – alta burguesía, aunque con amplias raíces populares -, intereses económicos y la misma fe católica, lógicamente le hubieran hecho bascular a favor del alzamiento. Pero, de otro lado, precisamente su nacionalismo vasco le alejaba de él, pues las fuerzas políticas que apoyaban al Ejército sublevado eran las más acérrimas enemigas de cualquier tipo de autonomía regional. Ante este dilema, el Partido Nacionalista Vasco declaró su lealtad al gobierno de la República. El clero vasco, en gran parte, siguió las directrices del Partido Nacionalista y fue uno de sus propagandistas más eficaces. Esto explica que en el País Vasco la persecución religiosa apenas si llegara a manifestarse, en comparación con el resto de España. En general, las iglesias y las personas de los sacerdotes fueron respetadas y los batallones de «gudaris» disponían de capellanes. El Padre Ariztimuño fue uno de los sacerdotes que más se distinguió en su labor periodística en favor del gobierno del Frente Popular.

Pero en octubre de 1936, cuando se dirigía a Bayona en el buque «Galerna», éste fue abordado por dos «bous» nacionalistas que apresaron el barco y detuvieron a la tripulación y pasaje. Identificado el Padre Ariztimuño, fue arrestado y juzgado por su actividad en favor del nacionalismo vasco y condenado a muerte.

Su confesor, el jesuita Urriza, ha dejado un testimonio escrito de los últimos momentos de su vida, llenos de dignidad humana y elevación sacerdotal.

El 17 de octubre de 1936 – dos semanas después de que las Cortes concediesen el Estatuto de autonomía al País Vasco, por el que tanto habla luchado -, el Padre Ariztimuño fue fusilado en las tapias del cementerio de Hernani (Guipúzcoa), donde reposan sus restos. En homenaje póstumo, uno de los batallones de «gudaris» que combatieron en el frente Norte hasta su derrumbamiento final tomó el nombre de Ariztimuño.

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Este texto procede de la «Crónica de la Guerra Civil Española», publicada por la Editorial Codex en 1966. No está firmado, y si alguien puede decirme quién es su autor, le ruego que me lo comunique.

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