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Verá usted, yo tengo un amigo
que ha sido mayorista de juguetes.

Solía decirme que si un juguete
se anuncia en la televisión
no es seguro que se venda bien.
Pero si no se anuncia,
seguro que no se vende.

En otras palabras,
una campaña de publicidad es
una condición necesaria,
pero no suficiente,
para que un juguete se venda bien.

Ahora me preguntará usted
qué tiene que ver esto con «Podemos».

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Según D. Iñigo Errejón Galván, Doctor en Ciencia Política y responsable de su campaña electoral:

«Podemos» es una iniciativa muy joven pero arraigada en una hipótesis intelectual y política largamente fraguada en ámbitos del activismo y de la universidad, particularmente de la Complutense de Madrid: que España atraviesa una crisis de régimen que es, en primer lugar, una fractura de los consensos y una desarticulación de las identidades tradicionales, y que existen condiciones para que un discurso populista de izquierdas, que no se ubique en el reparto simbólico de posiciones del régimen sino que busque crear otra dicotomía, articule una voluntad política nueva con posibilidad de ser mayoritaria.

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El artículo completo está en

http://www.monde-diplomatique.es/

?url=articulo/0000856412872168186811102294251000/

?articulo=8c640f81-5ccc-4723-911e-71e45da1deca

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En otros términos, «Podemos» es un invento de unos politólogos de la Complutense que han visto que el bipartidismo se va al cuerno y que un discurso sencillo sobre «la Casta» y «los Demás» puede conseguir muchos votos.

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Los votantes de este país no suelen leer la prensa escrita. Los programas electorales, todavía menos. Tampoco asisten a mítines. Obtienen toda su información de la «tele»… de la «caja tonta». Allí, los verdaderos famosos no son los políticos. Son Lionel Messi, Cristiano Ronaldo y Belén Esteban.

En cuanto a las redes sociales, está por ver que difundan mensajes útiles. El nivel de los contenidos de Facebook me inclina al pesimismo. Y no sé qué decirle de los «trending topics» en Twitter.

Por otra parte, eso de que los votantes eligen racionalmente entre las candidaturas, por ejemplo, según los intereses objetivos de su clase social, es un mito sin fundamento alguno. Si las cosas fueran así, tal vez habría un partido de terratenientes, y otros de burgueses, de proletarios o de campesinos. En vez de eso encontramos una oferta limitada de partidos «interclasistas», cuyas «recetas» son «lo mejor de lo mejor» para «el conjunto de la sociedad». Los dos más grandes compiten por ser como la UCD, porque el sistema electoral se hizo en su día para que ganase siempre la UCD.

Volviendo a lo que nos ocupa, los votantes buscan en las proclamas políticas los «juguetes» que han visto «anunciados» en las tertulias de su cadena favorita. Son debates que siguen las mismas reglas de orden que «Sálvame Deluxe», y tienen contenidos aproximadamente del mismo nivel teórico y científico. No vamos a entrar en análisis conspiranoicos sobre por qué Pablo Iglesias Turrión empezó su meteórica carrera como tertuliano en «El gato al agua» de Intereconomía. Pienso que a los responsables del programa les bastó ver que subía la audiencia para invitarlo más veces.

La cosa es que se han puesto de moda una serie de «juguetes» que antes salían poco por televisión. Por ejemplo, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) ha metido en el vocabulario usual la «dación en pago», una figura jurídica que no existe ni puede existir en el sistema legal vigente. Para eso hay que introducir «un nuevo sentido común».

El programa se ha elaborado a partir de unas ideas que ya circulaban por las televisiones, porque si no estaban ahí no existían. Los niños… digo, los miembros de los círculos escriben cartas a los Reyes Magos de «Podemos». Su equipo de pajes… digo, de politólogos, las analizan, las clasifican y redactan el programa a base de los «juguetes» que piden más niños. El nombre técnico es «agregadores». El objetivo de la maniobra es sumar votos. Tantos como sea posible.

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Algún tertuliano del PP echa en falta «racionalidad» en los postulados de «Podemos». No está mal eso, después de haber ganado unas elecciones con un programa que, según han dicho ellos mismos, no se podía cumplir. Será por eso que el PP ha incumplido todas y cada una de sus promesas de campaña.

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Usted y yo todavía escribimos y leemos. ¿Qué pintamos nosotros en todos estos planteamientos, aparentemente pueriles? Aparentemente, nada de nada. Pero la experiencia histórica nos dice que D. Felipe González Márquez, antes conocido como «Isidoro», empezó su carrera política con un programa sobremanera «radical»: OTAN no, bases fuera, y otras cosillas así, del todo «utópicas». A la vuelta de unos años, el desgaste del Gobierno y un cambio de «sentido común» le abrieron las puertas del palacete de La Moncloa. Y sigue viviendo de la política hasta hoy.

Procede que haga usted un juicio histórico global sobre los años de gobierno de aquel PSOE, porque lo que puede hacer materialmente «Podemos» en el futuro será como máximo igual… No será mejor porque muchas circunstancias han cambiado a peor.

Si usted y yo dejamos todas estas cosas a merced de otros, seguiremos gobernados por los peores. En cuanto a la pureza ideológica, debemos templarla con algo de pragmatismo. Ahora, como siempre, se trata de decidir si es mejor el veinte por ciento de algo o el cien por ciento de nada. Que es lo que se consigue cuando se está perpetuamente en la oposición.

Otro día, si usted quiere, podemos seguir hablando de «Podemos». La aceleración de los procesos políticos y las rápidas metamorfosis del grupo nos darán temas de conversación para bastante tiempo.

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