El País, 10 de noviembre de 1997

Algunos seguidores del en otro tiempo llamado Real Club Deportivo Español, hoy Real Club Esportiu Espanyol, se plantean dejarlo en Olímpic de Barcelona, bonita denominación que evoca la arqueología del balompié.

Ignoro cómo acabará esta historia, pero me sugiere que las denominaciones de todas las izquierdas de España debieran pasar por un periodo de observación de conducta que evaluara la relación entre la denominación y la doctrina, el continente y el contenido, la forma y el fondo.

Las izquierdas españolas realmente existentes viven de los ahorros históricos y electorales, y ninguna de ellas se ha adaptado al nuevo desorden nacional e internacional provocado por la caída del muro de Berlín.

Desde la ética de la responsabilidad con el consumidor de las izquierdas realmente existentes, PSOE, IU, PDI, IC, y todas las demás deberían disolverse durante un periodo breve, a convenir, reflexionar sobre lo que ofrecen y adaptar la denominación y el lenguaje a la oferta real.

Hoy por hoy las izquierdas son referentes desorientadores endogámicos, mantenidos por el interés de sus aparatos, desquiciados ante la posibilidad de su no función en la sociedad y en la historia.

En dura competencia contra el programa de Lobatón «Quién sabe dónde», los clubes de fútbol más populares y los cantantes de rock más críticos, los negocios de izquierda operantes en España ni saben ni contestan a las necesidades de transformación social objetivas, detectables a partir de cualquier inventario de injusticias comprobables.

Si bien no llegan a ajustar su comportamiento a los dictados de los sondeos de opinión en la medida en que lo hace la derecha, estas izquierdas no metabolizan lo nuevo y deberían dejar paso a una catarsis de abajo arriba que permitiera sublimar nuevas formaciones y nuevos dirigentes no contaminados por el síndrome de Robinsón: hacerse cabañas con restos de naufragios.

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