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«En el supuesto improbable
de que no existiera financiación pública,
las empresas de mercancías comprarían los corredores.
Una línea dedicada no precisa de subvenciones.
Se podría financiar con procedimientos
similares a los de las autopistas de peaje.
Con sus ingresos,
las empresas explotadoras
irían pagando los corredores.
Al ser la productividad
de los vagones y máquinas mayor,
se podría pagar el mantenimiento de la vía y
la reposición de las traviesas, el carril y el balasto.
No necesitaríamos catenaria, porque reducen el gálibo.
Para esas velocidades y pesos,
serían más adecuadas las máquinas diesel,
que ofrecen una mayor potencia y una velocidad menor.
La señalización que necesitan
los trenes de mercancías es mucho más barata.
El ferrocarril debería transportar 650.000 toneladas-kilómetro,
en lugar de las 235.000 que ha transportado en 2003 en Europa.
Hay que tener muy claro que hay que hacer
un ferrocarril de pobres para hacerlo rentable»,
afirma Emilio Fernández.
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