El negocio empieza y acaba en la construcción.

Las líneas se hacen, se cobran, ahí queda eso…

Ya pagaréis a los bancos que las han financiado.

Luego se monta toda una ingeniería contable basada en

la genial idea de separar la propiedad de la vía y

la explotación de los trenes.

La construcción se paga

repercutiendo los plazos de los créditos

a las operadoras.

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Como éstas no pueden cobrar esas fortunas a los usuarios,

el Estado las subvenciona.

El resultado es que el dinero de los contribuyentes

acaba en las cuentas de resultados

de las constructoras.

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Todo lo demás es mentira.

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