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30 de marzo de 2006

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Aquellos que acusan a los radares de ser instrumentos recaudadores deben pertenecer a ese grupo de ignorantes (pero afortunados) ciudadanos que nunca han padecido (que no quizás causado) un accidente de tráfico o nunca han visto levantar un cadáver de la carretera. Donde hay un radar, aún a golpe de multa, baja la velocidad y, al poco, la accidentalidad: ¡es un hecho! La multa media al ciudadano que tanto se queja, es como máximo de 300 euros. Levantar un herido o un cadáver de la carretera, mínimo, nos cuesta a todos 3.000 euros. Si sobrevive, curarlo fácilmente cuesta 30.000 euros más (normalmente, a la sanidad pública). ¿Y aún hay quien se queja de los radares? ¡Las cuentas no salen! Apoyo a Tura y a Navarro en su cruzada contra los muertos en el asfalto. ¿Saben ustedes que a 30 km/h en nuestras ciudades no moriría nadie por atropello? No tiene precio, ¿no? Pues por ser todos unos críos que no saben levantar el pie del acelerador y por pretender llegar antes de salir, cada año, más de 1.000 muertos sólo en las calles españolas…

¿Para cuándo un alto el fuego permanente de la Violencia Vial?

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