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Como dirían los poncios que redactan los manuales técnicos al uso, el título «Aspectos de la vida cotidiana de los judíos en la España medieval» es «autoexplicativo». Si a usted no le interesan los antepasados de los sefardíes, no lea este libro. Si quiere saber cómo eran, consiga un ejemplar cuanto antes: es un excelente compendio de los usos y costumbres de los judíos hace… no tantos siglos. Verá usted hasta qué punto estaba -y está- reglamentada su vida. Es una religión muy exigente. Si ya es difícil cumplir diez mandamientos, qué me dice usted de las seiscientas trece «mitzvot»… doscientos cuarenta y ocho preceptos positivos y trescientas sesenta y cinco prohibiciones. Tantas obligaciones resultan más difíciles de cumplir en países gobernados por «gentiles», y el libro contiene algunos ejemplos de «hecha la ley, hecha la trampa». Pero son cosas menores, pecados veniales que no deslucen la indiscutible adhesión de los judíos en la España medieval a su fe.

Tal vez el libro que me ha sido más útil para documentarme sobre estas materias haya sido «Del Edén al diván – Humor judío», de Eliahu Toker, Patricia Finzi y Moacyr Scliar, publicado por Shalom Ediciones en Buenos Aires. Tengo un ejemplar de la tercera edición, impreso en Septiembre de 1991. El ISBN es el 9789509927612.

Naturalmente, el libro del Dr. Cantera es un texto introductorio y sistemático que no da nada por sabido. Me ha resultado muy útil para organizar lo que ya sabía sobre el judaísmo, para completar el marco de mis someros conocimientos de los temas y, sobre todo, para entender mejor a los judíos, y especialmente a los sefardíes. Ahora me hacen todavía más gracia las historietas de aquel libro. Por ejemplo:

En los primeros años de Tel Aviv, cuando la ciudad tenía apenas cinco mil habitantes, irrumpió un ladrón en cierto departamento y robó un par de candelabros de plata. El robo fue comunicado a la policía y ésta envió un agente a permanecer en las inmediaciones de la casa robada. A la noche siguiente volvió el ladrón, fue rápidamente arrestado y conducido ante el juez.

-¿Qué te llevó a volver la noche siguiente? -le preguntó, sorprendido, el juez.

-La primera noche, en el apuro, olvidé besar la «mezuzá» al salir -respondió el ladrón.

Parece que algunos judíos se toman a broma a los que se toman la religión demasiado en serio… precisamente porque también son judíos, y eso les da una capacidad de reírse de ellos mismos que por fuerza ha de alegrarles la vida, porque jamás les faltarán motivos de diversión…

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