Un cuento mexicano de fantasmas

Esta historia es real. Ocurrió en Pecos, Nuevo México. Aunque suena como un guión de Hitchcock, es absolutamente cierta.

Un tipo está junto a la carretera pidiendo raid en una noche muy oscura y tormentosa. Hace mucho frío, llueve, y no pasan coches. Está cayendo tanta agua que apenas puede ver a unos cuantos pasos. De pronto, ve un coche que viene hacia él y se queda quieto. Sin pensar, se mete dentro, cierra la puerta y entonces se da cuenta de que no hay nadie al volante. El coche se pone en marcha muy despacio. El tipo mira hacia adelante y ve que el coche va hacia una curva. Asustadísimo, se pone a rezar y encomienda su vida a todos los santos. Justo cuando ya va a salirse de la curva, una mano aparece por la ventana y gira el volante. El tipo, paralizado de terror, ve aparecer de nuevo la mano cada vez que el coche se acerca a una curva. Haciendo de tripas corazón, se baja y sale corriendo hasta el pueblo más cercano. Empapado y a punto de sufrir un ataque, entra a una cantina, se bebe dos vasos de tequila y empieza a contarle a todo el mundo la horrible experiencia que acaba de vivir. La gente se va quedando en silencio, porque ven que el hombre está llorando histéricamente y que no está borracho.

Media hora más tarde, otros dos hombres entran en la misma cantina y uno le dice al otro: «Mira, Pedro, ése es el pendejo que se subió al coche cuando lo estábamos empujando».