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El vapor Cádiz de Pinillos

parecía otro y más grande

en aquel muelle de la Machina y San Francisco.

Después de un día despachando pasaje

y mercadería de todo tipo proveniente de España,

se preparaba para zarpar rumbo a Nueva Orleans

y de allí regresar de nuevo a Cádiz.

La Habana amanecía resplandeciente y bulliciosa

en aquella primavera de 1920.

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