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Hace tiempo mirar quién entraba a trabajar, conocer su experiencia, cursos y funciones permitía programar las guardias o darle formación adicional, pero eso cuesta pasta y más de uno se ha llevado una bronca por pedir tiempo o mantener alguno más de la tripulación mínima para formar al recién entrado en sus funciones, bien es cierto, que también había navieras que según embarcabas te explicaban la giro, te decían dónde estaba el manual del radar y a correr. Pero lo habitual era darle cuartelillo al nuevo y supervisarle hasta ver que todos dormíamos tranquilos.

Ahora entre que los de RRHH creen que saben más que los del barco, las tripulaciones esqueléticas, la protección de datos y otras mandangas se va haciendo costumbre no preguntar nada, dando por hecho que si lo mandan ya viene preparado y si pasa algo, ya llamará el juez para que el de RRHH explique cómo estaba formado y si había descansado. Aunque seguro que los del barco también se comen al final el marrón y los de RRHH entonces agacharán la cabeza de su sabiduría para que se emplumen a otro.

Todo este rollo y desahogo viene por la pérdida del «Natalie Jean» y el informe del NTSB.

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