Carta esférica

de las islas

de Iviza

y Formentera

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Vicente Tofiño

Madrid, 1786

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https://proyectoahe.webnode.es/fondodocumental/cartografia/

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Hoy, si usted quiere, podemos hacer una breve enumeración de las prioridades de los gestores de la vialidad en las comunicaciones entre Eivissa y Formentera, y ver algunos de los efectos prácticos que tiene la aplicación irreflexiva de “nuestro” estúpido modelo de movilidad a los viajes interinsulares.

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Como dice Neus Prats, “És als cotxes que s’ha de donar preferència a aquesta illa”.

La norma fundamental en Eivissa es que procede usar un automóvil para desplazarse al trabajo, al colegio, al supermercado, a la playa, al restaurante, a todas partes… a todas las horas del día, todos los días del año: laborables y festivos, en primavera, en verano, en otoño y en invierno.

Los turistas han de seguir la misma norma. Sus automóviles serán de alquiler, y no irán al trabajo ni al colegio, pero querrán ir al supermercado, a la playa, al restaurante, a todas partes… a todas las horas del día, todos los días de la temporada: laborables y festivos, todo el verano… y, si los programas de desestacionalización tuvieran éxito, en invierno también.

Pensemos un minuto en lo que comporta la aplicación del mismo modelo en Formentera.

Como todavía no hay aeropuerto, “lo ideal” sería que los turistas salieran de Es Codolar a bordo de un coche de alquiler y lo condujeran por sí mismos hasta la puerta de su alojamiento. Esto se puede hacer ahora pasando en “ferry” desde el puerto de Vila hasta el de La Savina. Eso implica más tráfico para las carreteras que comunican los dos puertos… y para los puertos en sí, porque un “ferry” que mueve coches es mucho más grande que una barca que sólo lleva pasajeros con sus equipajes. Como el puerto de Formentera es más pequeño que el de Vila, estos barcos lo van a saturar antes.

Una alternativa podría ser una línea de “ferry” entre dos puertos menores: uno en la zona de Sa Caleta y otro en algún punto próximo de Formentera. Eso no es gratis, ni siquiera barato, pero ya me dirá usted si ha visto que las numerosas autoridades competentes piensen alguna vez en lo que cuestan esas cosas antes de gastar el dinero que no tenemos en cualquiera de esas fabulosas infraestructuras que dicen que nos merecemos.

Hay otra alternativa: la construcción de un puente de carretera entre las dos islas. Que yo sepa, esto lo propuso D. Eduardo Posadas López. Y me lo confirmó un día que me lo encontré en Vara de Rey: me habló de un puente “con todas las consecuencias”. Supongo que era consciente de que no todas iban a ser positivas. La idea encaja perfectamente entre las diversas tesis de ese Pensamiento Automovilista que tantas jornadas de gloria nos ha deparado. La prioridad no es mover personas, animales o mercancías. Es mover coches.

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A falta de un medio simple para viajar en coche desde el aeropuerto hasta los hoteles de Formentera, la siguiente etapa lógica del modelo es llegar a La Savina en barco, alquilar un coche y usarlo para ir al hotel… y para todos los desplazamientos durante la estancia, incluyendo la vuelta al puerto.

Los coches nos vienen muy bien para circular, pero el objetivo de los viajes es aparcar. Así, observaremos un crecimiento canceroso de los aparcamientos en La Savina, con metástasis en los hoteles y en todos los puntos que atraigan tráfico. Este proceso se alimenta, por ejemplo, de los ingresos que obtienen las empresas que alquilan coches. En la medida en que dichos ingresos aterricen en los bolsillos de las personas que votan en Formentera, crearán unos intereses que determinarán las prioridades de los gestores de la vialidad.

Por otra parte, la existencia de medios motorizados cada vez más voluminosos “obliga” a ampliar cada vez más las carreteras. Si el marco legal es el mismo en Duisburg y en Formentera, las autoridades competentes están obligadas a ofrecer una vialidad de una dimensión tal que permita el movimiento de los camiones más grandes y pesados de la Unión Europea desde Duisburg hasta el faro de La Mola, porque los intereses de los fabricantes y de los empresarios del transporte pesan más que los nuestros. Por eso las prioridades son las que son.

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Una de mis primeras aportaciones al estudio teórico del problema que nos ocupa hoy fue un ejercicio de pensamiento lateral que se titula “¿Ir a Formentera? Volando…” y que tal vez convenga replantear. Aquí le dejo un párrafo:

“¿Qué pasaría si las personas y sus equipajes viajasen a y por Formentera en alfombras voladoras? Ya ve usted, son la mínima expresión del transporte aéreo. No producen humo ni ruido, y moverlas es gratis. Cuando no se usan, basta enrollarlas y guardarlas en un armario para que no estorben. Alquilamos alfombras en el aeropuerto, los clientes se van volando a Formentera, y yattá. Lamentablemente, el procedimiento para hacerlas era un secreto industrial muy bien guardado. Tanto que, al parecer, el último que lo sabía se murió sin contárselo a nadie y la tecnología se ha perdido”.

Otro día, si le parece bien, podríamos pensar en voz alta sobre las prioridades de los gestores de la movilidad en Eivissa, esta isla tan pequeña.

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