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Lo que se ha dado en llamar “modelo de movilidad” es la filosofía que subyace en las decisiones que toman las administraciones y los ciudadanos para resolver los desplazamientos de las personas, de los animales y / o de las cosas. Se llama “modelo” porque tiene -o debería tener- una expresión matemática.

Todos tenemos en la cabeza un modelo de movilidad, más o menos elaborado, más o menos consciente, más o menos convencional… Los gestores de las administraciones públicas y de las empresas privadas tienen los suyos. Es importante identificar las verdaderas prioridades de los gestores cuando estudiamos la gestión de la vialidad en estas islas tan pequeñas.

Hoy, si le parece bien, podemos empezar con el ayuntamiento de Vila.

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Una prioridad que salta a la vista es el aparcamiento. Usted dirá que debería ser el tráfico, pero no… El espacio público de Vila es un no-lugar lleno de automóviles estacionados de cualquier manera por todas partes. El primer efecto es algo así como una arterioesclerosis: las vías públicas no permiten la circulación de los vehículos. Eso dificulta la distribución de mercancías a las tiendas y los movimientos de los clientes. El papel de Vila como núcleo comercial implica un tráfico fluido, que resulta ser incompatible con la idea de que las calles son para dejar los coches de los vecinos que habitan en inmuebles sin suficientes plazas de garaje. Como los pisos altos de las fincas han de tener un uso residencial, nos encontramos ante un problema que, en los términos en los que está planteado, no tiene solución.

Por otra parte, eso de que la prioridad de Vila sea el aparcamiento no deriva de una decisión que haya tomado el Consistorio… Viene impuesta por el estúpido modelo de movilidad al uso, es decir, por el hecho de que el modo de transporte dominante en toda la isla es el automóvil privado. El Ayuntamiento no tiene medios eficaces para evitar que las calles de Vila se abarroten de coches. Y con el marco legal de ahora mismo, no los va a tener jamás.

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Otra prioridad del Ayuntamiento es el ornato público. La idea es embellecer las calles, y sobre todo las esquinas, con palmeras, arbolitos y todo tipo de plantas. Que dichos vegetales dificulten o impidan la visión de los vehículos que llegan a los cruces no parece preocupar ni poco ni mucho a las dignísimas autoridades que presiden nuestras instituciones con tanto acierto. La seguridad vial no es una prioridad del Consistorio.

La mayor y mejor muestra de esta voluntad de embellecimiento es la peatonalización del paseo de Vara de Rey. Hay quien dice que esto sólo es un elemento más del proceso de gentrificación del puerto y del casco antiguo. Todo debe estar al servicio de los ricos y de sus yates, de la isla de cinco estrellas, y de esa prosperidad indecente y ostentórea que expulsa a la gente de los lugares en los que ha vivido toda su vida.

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Y tal vez la afición predilecta del Ayuntamiento de Vila sea montar competiciones deportivas.

El Consistorio ordena el cierre de calles, carreteras y rotondas cada vez que se le antoja organizar una carrera de fondo, un evento ciclista, lo que sea… Todo ello se hace sin pensar ni un segundo en los efectos perversos de los cortes de tráfico en la vida ciudadana… sin el más mínimo miramiento.

La razón de tanta vigorexia no es que el alcalde sea Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte por la Universidad de Vic. La razón de que un político cuya única calificación es ésa sea el alcalde es que el municipio, desde hace muchos años, tiene como prioridad las competiciones deportivas. Es lo normal en este país, que es una potencia mundial en fútbol y una p… perfecta… m… maravilla… en casi todo lo demás.

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Como es natural, este ejercicio no pretende ser un análisis exhaustivo de las políticas de vialidad a Vila; sólo es una pincelada más de ese cuadro terrible que estoy pintando desde el 16 de Mayo de 1985.

Otro día, si usted quiere, podemos seguir mirando eso de la vialidad en el Ayuntamiento de Sant Josep.

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