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Rompiendo la tradición familiar cursé los estudios de Derecho, Económicas y, posteriormente, los de Ciencias de la Información, carreras que ejercí bastantes años de forma alternativa. Un buen día de 1984, cuando ocupaba un puesto en el «staff» de una importante constructora, cayó en mis manos un artículo de la revista «Time» en el que se hablaba de Steve Job y de su recién inventando ordenador personal. Lo que allí se contaba me sedujo tanto que decidí dejar de lado todo lo anterior y volcarme en la Informática, primero con formación autodidacta y luego de forma organizada, profesión que he ejercido durante los últimos 26 años, hasta mi reciente jubilación, al filo de los 70 años, cuando era ya jefe de proyecto de grandes sistemas en la más importante multinacional del sector.

Mi afición al ferrocarril comenzó antes de que tuviera uso de razón.

Nos desplazábamos la familia cada verano a disfrutar de las vacaciones veraniegas en la provincia de Málaga. Ir desde mi ciudad natal -San Fernando, Cádiz-, hasta allá suponía un largo periplo de transbordos e interminables trayectos que duraban todo el día. A partir de los 12 años me dejaron viajar solo y disfruté de experiencias inimaginables. Una vez comenzados los estudios universitarios, además de los viajes hacia la ciudad donde estudiaba, apenas tenía un periodo de vacaciones compraba un billete de ida en tren hacia cualquier lugar de Europa. Siempre se encontraba trabajo que hacer para adquirir el billete de vuelta  y pagarme los estudios. Luego serían estancias más largas para cursos en el extranjero. Los trenes de los años 50 y 60 de España, Francia, Suiza, Alemania del Este y del Oeste, Bélgica, Holanda, Austria, Italia, etc., dejaron de tener secretos para mí y hacía rebuscados trayectos con el deseo de explorar, conocer gente, visitar y disfrutar. No existían el Interrail, ni los móviles, ni internet, ni los billetes electrónicos. La información era escasa pero se podía viajar aun a riesgo de quedarse tirado en plena noche, en medio del campo, en una tormenta de nieve, con un tren averiado sin calefacción y con poco o nada que llevarse a la boca.

Iba así reuniendo documentación y experiencias que en estos últimos años he ido volcando en foros especializados. Más recientemente, decidí colaborar con la Fundación de los Ferrocarriles en sus tareas de investigación y divulgativas. También, con Escuelas Técnicas de grado superior de ingeniería, de varios países,  en la tutoría de proyectos ferroviarios de fin de carrera. Aparte de que a la mente le vienen muy bien las tareas intelectuales, contribuir a que los jóvenes se formen más y mejor es una manera de garantizar que el día de mañana pueda seguir recibiendo la pensión de jubilación. Al fin y al cabo son ellos los que la pagan con sus cotizaciones.

Como autor principal, en el blog quiero reunir -con un propósito más  literario que técnico-, relatos y experiencias propias y ajenas del ferrocarril de antaño, de mis viajes actuales y de aquellos proyectos en marcha que mejorarán la comunicación ferroviaria internacional futura. Procuraré, no obstante, que no se pierda la necesaria precisión en la documentación y los datos. Indicar también que la autoría de las fotos que inserto es la del autor de este blog, tomadas en mis múltiples viajes en tren. Si en algún caso aparecen fotos de terceros, indicaré la autoría correspondiente.

Las entradas redactadas por mí en «Viajes ferroviarios» llevan al final las iniciales MAM.

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