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Al parecer, Dª Inés Arrimadas dijo

en L’Hospitalet de Llobregat que

«si tuviéramos una ley

en la que un voto del Hospitalet

valiera lo mismo que en otras zonas

ya ni os cuento».

Es una idea interesante.

A primera vista, se trata de una crítica

a un sistema electoral que prima el voto de las circunscripciones rurales

a costa de la representación parlamentaria de los habitantes de las zonas urbanas.

Pero la singulariza en L’Hospitalet.

¿En qué se diferencia esta localidad catalana de tantas otras?

A nivel de mera hipótesis, tal vez sea la que tiene

una población más numerosa de inmigrantes andaluces.

Eso, en sí, no la hace esencialmente diferente del resto.

En Cataluña hay andaluces por todas partes,

y casi todos están más o menos integrados.

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Según el DLE, integrar viene del latín integrāre,

que tiene el sentido de ‘renovar’ y ‘completar’:

1. tr. Dicho de diversas personas o cosas: Constituir un todo.

El equipo lo integran once jugadores.

2. tr. Completar un todo con las partes que faltaban.

3. tr. Hacer que alguien o algo pase a formar parte de un todo. U. t. c. prnl.

4. tr. comprender (‖ contener). La coalición ganadora integraba liberales y socialistas.

5. tr. Aunar, fusionar dos o más conceptos, corrientes, etc., divergentes entre sí,

en una sola que las sintetice. El nuevo enfoque integra las dos teorías anteriores.

6. tr. Mat. Determinar por el cálculo una expresión a partir de otra que representa su derivada.

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Eso de «integrar» admite varias interpretaciones.

Según D. José Ignacio Wert Ortega, que fue ministro de Educación,

consiste en «españolizar a los alumnos catalanes».

Según D. Pablo Iglesias Turrión, el gran líder de la nueva izquierda española,

«esa gente que tiene padres andaluces o abuelos extremeños

tiene que sacar los dientes e ir a votar para echar a Mas y a Rajoy».

A mí me gusta más lo que decía Paco Candel sobre «els altres catalans»:

el adjetivo es «altres» y el sustantivo es «catalans».

La sociedad catalana, a poca buena voluntad que pongan los forasteros,

los acoge e integra muy bien.

Por ejemplo, a D. José Montilla Aguilera,

que llegó a Cataluña con dieciséis años de edad, como yo.

El caso de Dª Inés Arrimadas es todavía más ilustrativo:

lleva cosa de diez años en Cataluña y ya aspira a ser la presidenta.

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Según la dicotomía al uso, la población de Cataluña se divide entre

«catalans de soca-rel», id est, catalanes de pura cepa, y «charnegos».

Según el DLE, «charnego, ga» es un adjetivo que viene

del catalán «xarnego», y éste del español «lucharniego».

Dice que es despectivo, y lo define como

«Inmigrante en Cataluña procedente de una región española de habla no catalana».

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Al parecer, todo eso obliga a votar en «clave étnica».

Pero «los orígenes» y «las raíces» son mucho menos importantes

que la antiquísima distinción social entre ciudadanos y campesinos:

Rusticani sunt fallaces, sunt immundi, sunt mendaces et in cunctis contumaces.

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Dª Inés Arrimadas suele pronunciar sus discursos en castellano

y eso subraya una obviedad:

se dirige a los castellanoparlantes, y también

a los electores que pueden votar a su partido fuera de Cataluña.

El caso es que muchos de ellos son «desertores del arado»:

hace cuatro días eran campesinos.

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D. Juan Diez del Corral nos ha dado

en uno de sus luminosos textos

estas ideas sobre la difícil relación entre «campo» y «ciudad»:

«Echemos un vistazo a esos campos agrícolas magníficamente labrados por las máquinas y casi absolutamente desiertos de gentes. Ahí estaban no hace cincuenta años todos aquellos que ahora se aprietan a vociferar en los estadios de fútbol o corren de un lado para otro por carreteras y autopistas. Pero echemos también un vistazo a los periódicos: seguro que un día sí y otro también nos traen la noticia del reajuste de personal de una fábrica (incluso las de automóviles ¡aahhh!), volviendo a dejar a los viejos campesinos, y ahora usuarios del estadio o la autopista, otra vez descolocados. El problema de esa gente no es que les quiten el coche para ir por la autopista hacia el estadio (razón por la que mayoritariamente ellos suelen protestar), sino que con la nueva descolocación se les plantea otra vez, con toda su crudeza, la búsqueda de su sitio en el mundo. Cerrados los campos por unas máquinas que cultivan mucho mejor que ellos con sus mulas, y expulsados de las fábricas que producen mucho mejor con sus robots que con sus manos y martillos, ¿dónde se meten?»

El artículo completo está en

http://unavozenunlugar.blogspot.com.es/2007/01/lugar-ciudad-y-transportes-el-caso-de.html

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Volviendo a la integración, probablemente hay

porcentajes similares de independentistas y de unionistas

entre los hijos de los inmigrantes y los catalanes «de ocho apellidos».

Sus percepciones de la realidad no están determinadas por sus genes.

Más bien, por lo que son, o por lo que creen que son, sus valores, sus intereses y sus derechos.

Y por su posición en la escala social: de pobre a rico se «asciende» siguiendo unos procesos

que suelen causar cambios permanentes

en las ideas y en las ideologías de quienes los protagonizan.

Aquella dicotomía clásica entre burguesía y proletariado, ustéyasabe…

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La ley electoral catalana está hecha según los mismos principios que todas las demás.

Se trata de primar el voto rural para que siempre ganen las derechas:

ayer la Ucedé, hoy el Pepé, mañana Ciudadanos…

A eso se le llama «gerrymandering».

En Cataluña solía ganar una derecha más o menos autóctona

que tiene un interesante historial de pactos

con tooodos los gobiernos de «Madrit».

De la Wikipedia:

«Más allá de su proyección catalanista, tiene presencia estatal,

al haber colaborado tanto con los gobiernos socialistas (1982-1996)

como en la etapa en que gobernó el PP (1996-2004),

dando su apoyo a uno y otro partido para poder formar gobierno».

Pues eso… Convergència era un partido dinástico más,

exactamente igual que Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía,

que pacta primero con el PSOE y después con el PP,

dando su apoyo a uno y otro partido para poder formar gobierno.

No entraré en paralelos ni en valoraciones.

Ahora las circunstancias son distintas,

pero estamos buscando unas constantes

que nos ayuden a orientarnos entre tantas variables.

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Volviendo al interesante aserto de Dª Inés Arrimadas,

resulta que el referéndum responde perfectamente a su desiderátum.

Se da exactamente el mismo peso

a los votos de las zonas urbanas y de las rurales:

un ciudadano, un voto.

Si los titulares de los derechos son los individuos,

no lo son los Estados, ni los territorios, ni los colectivos,

ni las tribus, ni los tribunos, ni los aristócratas…

Si lo identitario se convierte en lo totalitario,

en gobernar en nombre de «la totalidad» de los ciudadanos,

como hace el bloque del 155, todos tenemos un problema.

Según el DLE, «totalitario, ria» es:

1. adj. Perteneciente o relativo al totalitarismo.

2. adj. Que incluye la totalidad de las partes o atributos de algo, sin merma ninguna.

Y «totalitarismo», de totalitario e -ismo, es:

1. m. Doctrina y regímenes políticos, desarrollados durante el siglo XX, en los que
el Estado concentra todos los poderes en un partido único y controla coactivamente
las relaciones sociales bajo una sola ideología oficial.

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Desde ese pensamiento totalitario y único

se define a los catalanes como fenicios, judíos y/o polacos.

Son «malos españoles».

Viven en el territorio del Estado y no aceptan como propia

la lengua de un Estado que entiende los derechos lingüísticos

igual que Antonio de Nebrija:

siempre la lengua fue compañera del imperio.

Tienen una «patria chica»

y no quieren La Patria Una, Grande y Libre…

Si ponemos estas cosas en el contexto del planeta,

resulta que estamos hablando de un Estado

que controla un territorio de 500.000 kilómetros cuadrados,

aproximadamente el 0,3 por ciento de las tierras emergidas,

habitado por 46 millones de personas,

aproximadamente el 0,6 por ciento de la población mundial.

Según la Wikipedia, «Patria Grande» es

«un concepto para referirse

a la pertenencia común de las naciones hispanoamericanas

y el colectivo de una posible unidad política.

El concepto está íntimamente ligado

a otros como el de «unidad hispanoamericana»

y a las referencias de los libertadores

en la Guerra de Independencia Hispanoamericana,

especialmente Simón Bolívar, José de San Martín

y su inconcluso proyecto de unificar políticamente

a las naciones hispanoamericanas».

La cosa va desde la Baja California hasta la Tierra del Fuego.

Ya puestos, no entiendo por qué no reclaman también Texas, Oregón

y el resto de los territorios del virreinato de Nueva España.

Es una muestra, una más, de lo mucho que da de sí el panhispanismo:

excluye expresamente Brasil, Belice, las Guayanas,

las islas del Caribe de lengua francesa, inglesa y holandesa

y, cómo no, Haití… por más que esté en una isla que todo el mundo,

los franceses, los ingleses y los holandeses también, llama La Española.

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Pues eso.

El bloque del 155 está compuesto por gentes

que aceptan, aplauden y apoyan las agresiones contra los catalanes

que perpetra una judicatura reaccionaria y franquista

que está a las órdenes de un gobierno incompetente y corrupto

que actúa en nombre de una monarquía ilegítima y desprestigiada.

Todo esto descarriló cuando el Muy Imparcial Tribunal Constitucional

le pasó el cepillo al Estatuto de Autonomía de 2006… el 28 de junio de 2010.

Sorprende ver con qué celeridad tramita otros asuntos.

Dª Inés Arrimadas viene a traer a Cataluña toda esa «normalidad».

Procede pedirle que reflexione sobre aquella máxima tan útil:

antes de ordenar la casa de otro, ordena dos veces la tuya.

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