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Un judío yemenita pasaba en Israel frente a un naranjal y se quedó fascinado por el brillo de las naranjas de color oro bajo la luz del sol. Entró al naranjal y tomó varias naranjas poniéndoselas en los bolsillos para llevárselas a su mujer e hijos. Luego tomó una naranja más y empezó a pelarla. Mientras lo hacía, canturreaba una melodía, radiante de felicidad. En ese momento apareció el dueño del campo y le preguntó asombrado:

– Dime, ¿por qué se te ve tan feliz?

– ¿Por qué no habría de estarlo? -le respondió el yemenita-. Tengo el privilegio de vivir en Tierra Santa, y eso solo ya me hace feliz. Y mi felicidad se multiplica más aún comiendo una naranja tan hermosa y repleta de jugo.

– Pero en la Torá dice: “No robarás”.

– Eso me hace más feliz todavía -dijo el hombre-. Tener el privilegio de vivir en Tierra Santa, comer sabrosas naranjas y escucha además a alguien que te habla de la Torá.

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