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Un visitante norteamericano

recorre una población ucraniana.

– ¿Por qué está cerrada la sinagoga?

-inquiere a un funcionario local-.

¿Tal vez por las normas antisemitas de su país?
– En absoluto – contesta el funcionario-. Esto se debe simplemente a la falta de un rabino idóneo.

– Pero, ¿cómo es posible? -pregunta el norteamericano-. ¿Pretende usted decirme que no cuentan con candidatos para el puesto?

– En realidad, tuvimos tres -dice el funcionario-. El primer aspirante exhibió un diploma en el que constaba que era un rabino ordenado, pero no pertenecía al partido comunista. El segundo aspirante era miembro del partido pero carecía del certificado de ordenación. Y el tercero reunía ambos requisitos, pero había una pequeña dificultad: era judío.

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