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En otra ocasión Rabinovich fue a la oficina de emigración.

– ¡Rabinovich! ¿Por qué quiere dejarnos, dejar la tierra que lo nutrió? -, le preguntó el funcionario.

Rabinovich permaneció callado.

– ¿No tiene trabajo? – empezó a enumerar con los dedos.

– Tengo – susurra Rabinovich.

– ¿Tiene donde vivir por un alquiler muy bajo? – continúa el funcionario.

– Tengo – murmura Rabinovich.

– ¿Y atención médica gratuita? – señala el funcionario.

– También – suspira Rabinovich.

– ¿Y escuela para sus hijos?

– Ajá – asiente.

– ¿Entonces, sucio judío, por qué quiere irse de aquí? – brama el funcionario.

– Gracias, camarada, acaba de recordarme la razón – sonríe Rabinovich.

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