Ultima Hora, FDS, 18 de julio de 2003

No sé si habrá leído usted “Allegro ma non troppo”,

del profesor Carlo M. Cipolla.

Es un libro muy interesante.

Una de sus tesis es que las conductas humanas se pueden clasificar en cuatro categorías, según perjudiquen o beneficien al que las ejerce y/o a los demás, a saber:

Si hace usted algo que es malo para usted mismo y bueno para algún otro, es “incauto”. Por ejemplo, si se deja dar el clásico timo de la estampita, que sigue funcionando con el éxito de siempre. Sólo que ahora lo ejercen a gran escala unos estafadores internacionales que se hacen pasar por solventes bancos emisores. Si una conducta es buena para el sujeto y mala para los demás, es “malvada”. En cambio, si es buena para quien la practica y para todo el mundo, es “inteligente”. Por último, si es perjudicial para uno mismo y para los demás, es estúpida.

Sin entrar en el análisis de las causas, el profesor enuncia diversas leyes empíricas sobre la materia. Sin entrar en valoraciones, hallamos que las conductas inteligentes son las más deseables, porque producen la mayor cantidad de beneficios. Las conductas incautas y las malvadas, al menos, resultan provechosas para alguien. Y las estupideces son nocivas para todo el mundo. Debería sorprendernos que una especie que se autoproclama racional sea capaz de tantas actividades de este tipo. Pero ya dijo Einstein que sólo había dos cosas ilimitadas, el Universo y la imbecilidad humana, aunque tenía dudas… respecto a la primera, naturalmente.

Otro de los postulados del Profesor Cipolla es que el hecho de que una persona se comporte de modo inteligente por la mañana no implica que no vaya a ser un perfecto estúpido por la tarde. Un sujeto que ha sido racional toda su vida puede dejar de serlo de la noche a la mañana, sin causa aparente alguna. En cualquier caso, en eso coincide con la lúcida expresión de Fortu: “Cada día que amanece, el número de tontos crece”. O, para decirlo como el Padre Apeles, “Stultorum numerus infinitus est”.

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Las personas pueden cambiar
a mejor y… a peor.
Yo soy básicamente incauto.
Si alguien consigue amargarme,
me volveré desconfiado.
De ahí puedo degenerar en malvado
o… peor todavía… en estúpido.
Y no hay vacuna contra eso.
Queda escrito hoy.

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Extractos del libro…

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