El rey de Babilonia era un adolescente imberbe que tenía que ponerse una barba postiza para subir al trono. Su nombre era Burraburiash. Le gustaban los juguetes y las historias maravillosas, y desde Mitanni mi reputación me había precedido hasta Babilonia, de manera que apenas instalado en el «Pabellón de Ishtar», después de haber visitado el templo y hablado con los médicos y sacerdotes de la Torre, recibí un recado diciéndome que el rey me esperaba. Kaptah se inquietó, según su costumbre, y me dijo:

– No vayas; huyamos más bien juntos, porque de un rey no puede esperarse nada bueno.

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