Entonces vinieron a buscarnos para llevarnos a la Casa de la justicia, donde el viejo guardasellos estaba sentado delante de cuarenta rollos de cuero donde estaba consignada la ley.

Soldados armados nos rodeaban de manera que no podíamos escaparnos, y el guardasellos nos leyó la ley por la que nos informaba que debíamos morir, puesto que el faraón no se había repuesto de la trepanación. Yo miré a Ptahor, pero él se limitó a sonreír cuando entró el verdugo con su espada.

– Comienza por el hombre hemostático -dijo-; lleva más prisa que nosotros, porque su madre le prepara ya una sopa de guisantes en el país del Occidente.

El verdugo se despidió amablemente de nosotros, hizo los signos sagrados de Amón, blandió la espada y la hizo girar por encima de la cabeza de la víctima; después le tocó ligeramente el cuello. El boyero se desplomó sobre el suelo y creíamos que el miedo le había hecho perder el conocimiento, porque no tenía la menor herida. Cuando vino mi vez, me arrodillé sin miedo, el verdugo me sonrió y se limitó a rozarme el cuello. Ptahor se juzgó tan pequeño que no se dignó siquiera arrodillarse y el verdugo no hizo más que un simulacro de decapitación. Así estábamos, pues, muertos, la sentencia había sido cumplida y nos dieron nuevos nombres que habían sido grabados en unos brazaletes de oro. El de Ptahor llevaba estas palabras: «El que parece un babuino», y el mío: «El que es solitario». Después de esto se pesó para Ptahor una retribución en oro y yo recibí también una buena cantidad de él. Nos dieron vestiduras nuevas y por primera vez tuve una túnica plisada de lino real y un cuello al que daban peso la plata y las piedras preciosas. Pero cuando los servidores trataron de levantar al hombre hemostático para reanimarlo, todo fue inútil: estaba realmente muerto. Esto es lo que he visto con mis propios ojos. En cuanto a decir de qué había muerto, no podía comprenderlo, a menos que muriese porque creyó que iba a morir. Porque, pese a su bestialidad, tenía el poder de detener las hemorragias y un hombre así no es parecido a los demás.

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