Dedicado a Bernat Joan i Marí

Última Hora, 24 de mayo de 2001

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Hace algún tiempo cayó en mis manos un artículo de Bernat Joan i Marí. Trataba de lo que él llama «la dimissió dels pares», la dimisión de los padres, y de sus efectos en los centros de enseñanza. Entre otras muchas cosas, dice que los padres, actualmente, tienden a ser permisivos con sus hijos y a tener poco tiempo para estar con ellos. Pero «la combinació és totalment nefasta», porque unos padres liberales que dediquen poco tiempo a los niños los convertirán en personas sin norte, desorientadas y angustiadas. «Com la majoria dels infants que actualment tenim a les aules». El texto no tiene desperdicio y me ha dado mucho que pensar.

Pero Bernat Joan no entra en el siguiente eslabón de la cadena de causas. ¿Por qué los padres no tenemos tiempo para nuestros hijos? Otro día estaba yo escuchando un programa de radio. Un pediatra dijo que la pregunta que los padres le hacen con más frecuencia es: «Doctor, ¿mañana puede ir a la guardería?» Esto suele ocurrir cuando ambos progenitores trabajan y no hay otra forma de «aparcar» al niño que llevarlo a la guardería o al colegio… aunque tenga dolores, fiebre o una enfermedad contagiosa.

¿Y por qué trabajan los dos? Verá usted, hoy en día una familia «normal» necesita muchas cosas. Por ejemplo, un automóvil. El coche se compra porque da movilidad. Entre semana sirve para ir al trabajo. Como las ciudades están llenas de coches, apetece huir los sábados y los domingos. Para eso lo mejor es hacer excursiones… naturalmente, en coche. Pero se cansa usted pronto de pasarse las horas al volante mientras sus familiares gruñen por lo bajo porque tienen calor. Si tiene usted instintos nómadas, compra un coche con aire acondicionado. Si es de natural sedentario, se decantará por una segunda residencia. El abuso del coche convierte el campo en una especie de suburbio que sólo se habita los fines de semana. Mantener un coche le está costando a usted más del veinte por ciento de sus ingresos. Y esta cifra sube con cada aumento de precio de los combustibles. Una segunda residencia cuesta todavía más. Esa necesidad de huir le cuesta un montón de dinero. Como nadie se lo regala, tiene que ganarlo… trabajando más horas, naturalmente.

Un día le sale una oportunidad laboral a su cónyuge. Otro sueldo en casa es una tentación muy fuerte. Viviremos mejor, porque tendremos más cosas. Alguien de la familia nos echará una mano en los imprevistos. Como los empleos no suelen estar pensados para personas que no tengan vehículo propio, es posible que su cónyuge desee adquirir uno.

Y ya estamos metidos en la rueda. El padre y la madre trabajan para mantener dos casas y dos coches. Necesitan otra casa para descansar los fines de semana, porque la ciudad está llena de los coches de la gente que los necesita para ir a su otra casa. Como lo tienen pagado, lo usan para ir a trabajar, en vez de ir a pie. Pero llegan tarde a todas partes, porque las calles están llenas de coches y no se puede aparcar.

¿Cuándo empezó esto? Pues no lo sé. Los americanos lo pusieron de moda hace unos años. Ahora predican el «downshifting», que es cambiar de marcha a una más corta. Es curioso que aún se entienda esta expresión en un país en que la mayor parte de los coches lleva cambio automático. Yo diría algo así como «para el carro», que es como más castizo…

Este estado de cosas no puede durar siempre. Si queremos recuperar calidad de vida, y tener tiempo para nuestros hijos, etcétera, tenemos que trabajar menos horas, ganar y gastar menos dinero y reducir nuestro consumo de cosas superfluas. Por ejemplo, de traslados innecesarios.

Racionalizar la demanda de movilidad implica aumentar la oferta y el uso de los transportes públicos. Eso nos permitirá prescindir del segundo automóvil y, con suerte, también del primero.

Otro día, si usted quiere, podemos seguir hablando de otros efectos beneficiosos del transporte público, por ejemplo, sobre el sistema educativo. Porque no vale la pena insistir más en los perjuicios de todo tipo que está causando el actual modelo de movilidad.

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Bernat Joan i Marí

La dimissió dels pares (artículo en catalán)

La dimisión de los padres (versión castellana)

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Movilidad – Cuestiones previas…

Ignacio Buqueras – Necesitamos una revolución en materia de horarios de trabajo…

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