25. Buen entendedor.

Arte era de artes saber discurrir:

ya no basta, menester es adivinar, y más en desengaños.

No puede ser entendido el que no fuere buen entendedor.

Hay zahoríes del corazón y linces de las intenciones.

Las verdades que más nos importan vienen siempre a medio decir;

recíbanse del atento a todo entender:

en lo favorable, tirante la rienda a la credulidad;

en lo odioso, picarla.

>>>