Hoy, si le parece bien,
podemos retomar un tema
que habíamos tocado en 2001

hablar otra vez de lo que son
-mejor dicho, somos-
los animales.

Ya sabe usted que resolver el caso general también resuelve los casos particulares.
Por eso las buenas definiciones nunca son muy concretas.
Podemos comenzar enmarcando lingüísticamente la materia que nos ocupa.

El nombre colectivo de los animales es “fauna”.

Según el diccionario de la Real Academia, la fauna puede ser:

1. f. Conjunto de los animales de un país, región o medio determinados.
2. f. Obra que enumera y describe los animales de un país, región o medio determinados.
3. f. fest. Conjunto o tipo de gente caracterizada por tener un comportamiento común y frecuentar el mismo ambiente.

Los seres humanos somos parte de la fauna, en general… y formamos nuestras propias faunas particulares.

Ahora podemos seguir con un poco de semántica de estar por casa.
Hay muchas formas de clasificar los animales.

Aquí le propongo algunas dicotomías:

> Predadores y presas

>>> Hace no tanto tiempo, era la más importante para nosotros. Uno de los libros que me tocó leer cuando estudiaba literatura en Bachillerato fue “Peñas arriba”, una novela del escritor montañés José María de Pereda. En el capítulo XX nos explica cómo se cazaban osos.

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Resulta que los osos, en su simplicidad, nos ven sólo como carne: algo bueno para comer. Para ellos no somos predadores, sino presas. Por consiguiente, cazarlos a tiros era la cosa más normal del mundo. También matábamos a los oseznos, naturalmente. Eso es así porque en realidad somos predadores. Ahora mismo, los más peligrosos del planeta.

> Salvajes y domésticos

>>> En una época que nos parece remota porque medimos el tiempo según la corta duración de nuestras breves y fugaces vidas, la Humanidad consiguió domesticar unas pocas especies de animales. Como seguimos siendo predadores, los matamos cuando han crecido y engordado lo suficiente, y nos los comemos. Eso es así porque está en nuestra naturaleza.

> Ganado y mascotas

>>> El concepto de ganado es puramente económico. Desde el punto de vista jurídico, los animales son bienes semovientes. Nos sirven para obtener lana, leche, huevos, etcétera… y, por fin, carne para comer.

Hay un libro de Marvin Harris que se titula “Bueno para comer: enigmas de alimentación y cultura”. Es muy útil e informativo. Explica muy bien el origen económico de muchas de nuestras ideas sobre los animales: por qué algunos son “tabú”, por qué otros nos dan asco, una serie de casos de zoolatría… Es una lectura muy recomendable.

Entre las especies que hemos domesticado hay varias que descienden de animales salvajes que son por naturaleza predadores. Las hemos domesticado precisamente por eso. Cazan y matan a nuestras presas y a nuestros predadores. Y la práctica habitual cuando dejan de sernos útiles es matarlos, a veces con una crueldad que uno creía reservada para liquidar a otros seres humanos.

Como el roce hace el cariño, hemos llegado a establecer lazos afectivos mutuos, por ejemplo, con los perros. Antes tenían el tamaño de un lobo. Pero los criamos, los cruzamos, los seleccionamos… Hay un libro de Konrad Lorenz, “Cuando el hombre encontró al perro”, que explica todas estas cosas con unos ejemplos que me matan de risa. Bueno, ahora las razas “de compañía” son aproximadamente de las medidas de un bebé humano. Resulta que las mascotas están sustituyendo a los niños -a los hijos y, sobre todo, a los nietos- que nuestro curioso sistema económico no nos deja tener. Otro día, si usted quiere, podemos hablar de cómo unas políticas económicas cortoplacistas y unas teorías sobre la igualdad que se basan en tratar lo que es diferente como si fuera igual nos están llevando al suicidio demográfico.

> Ganadería extensiva e intensiva

>>> Antes, el ganado campaba libremente por ahí. Había pastores profesionales, personal especializado en gobernar las reses. Los apriscos, corrales, rediles, etcétera, sólo eran refugios temporales para que los animales pasaran la noche… y para defenderlos, cómo no, de los predadores. Los perros de pastor descienden de los lobos. No es por casualidad.

Desde que la mecanización de la agricultura nos permite cosechar forrajes y piensos en cantidades suficientes, la ganadería es cada vez más intensiva. Los animales pasan toda su vida estabulados en granjas hasta que han crecido y engordado lo suficiente. Entonces los matamos y nos los comemos. Eso es así porque ahora mismo, como siempre, la ganadería es en esencia un negocio.

> Animales caseros y asilvestrados

>>> Resulta que todos los bichos que conceptuamos como caseros son susceptibles de asilvestrarse. Como es natural, están programados genéticamente para sobrevivir, alimentarse y reproducirse. Si no les damos suficiente comida, se la buscarán por su cuenta. Esto se aplica a todos los animales domésticos, tanto mascotas como ganado.

> Bravos y mansos

>>> Un tipo especial de ganado que tiene bastante importancia en este país es el toro de lidia. Llevamos milenios criando diversas especies de bóvidos. Nos interesa mucho que sean mansos, porque nos pueden hacer mucho daño si nos embisten, o si nos dan cornadas, o nos pisotean. Más de una vez, una vaca ha dejado tuerto de un rabotazo al vaquero que la ordeñaba. Y lo normal es castrar a los toros y convertirlos en bueyes para restarles agresividad. Con los toros de lidia se hace exactamente lo contrario. Los mansos van al matadero, y los más bravos, los que demuestren ser únicos y sin igual, de ciega y feroz acometividad, de buscar siempre acortar la distancia con el torero y llegar a la cornada, ésos van a ser los sementales de la siguiente generación. Los demás sólo pueden aspirar a sobrevivir para ser… cabestros, naturalmente.

> Ca eivissenc i perrusquet

>>> Un tipo especial de mascota que es emblemático de esta isla tan pequeña es el “ca eivissenc”. Es un podenco que caza en equipo. Los perros buscan conejos y los persiguen hasta prenderlos con la boca, “a diente”. Muchas veces no los matan… aún están vivos cuando los entregan a sus amos. ¿Usted diría que es una forma de caza menos cruel que dispararles perdigones o balines con escopetas?

>>> Otro tipo es el “perrusquet”, ese perrito ladrador y paticorto que sale en algunas fotos antiguas de casas payesas. Como no es nada espectacular, nadie se ha molestado en catalogarlo como la raza canina autóctona y digna de protección que es.

>>>

Ahora que hemos visto algunas dicotomías y hemos analizado varios casos particulares, le propongo un ejercicio que puede parecerle más teórico.
Ya verá usted que resulta ser sumamente práctico.
Abriremos una de las “cajas de herramientas culturales” que mejor definen Nuestra Superior Civilización Occidental: la filmografía de Walt Disney.

He entresacado algunos títulos que me parecen útiles para el estudio que nos ocupa hoy.

> 1938 – El Toro Ferdinando

>>> Teóricamente es un toro de lidia, pero Disney lo pinta como un ser romántico, enamorado de las flores, que no embiste al torero, en fin…

> 1942 – Bambi

>>> Es un cervatillo que vive felizmente en un bosque con sus amingüit@s hasta que unos cazadores matan a tiros a su madre.

> 1961 – 101 Dálmatas

>>> Una prolífica pareja de perros se encuentra inopinadamente a cargo del inmenso grupo de cachorritos que ha reunido la famosa Cruella de Vil.

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Walt Disney muere en Burbank, California, el 15 de diciembre de 1966.

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> 1967 – El Libro de la Selva

>>> Una pregunta: ¿ha leído usted el libro de Kipling? También puede interesarle “Just So Stories”, una serie de relatos protagonizados mayormente por animales. Todos son buenos, pero si va a leer sólo uno, que sea “The Cat That Walked by Himself”.

> 1970 – Los Aristogatos

>>> Fue el último proyecto iniciado por Walt Disney antes de morir. Ya había creado un estilo, una escuela… y una empresa.

> 1994 – El Rey León

>>> ¿Sabe usted cuántos seres humanos aparecen en la película?

> 1999 – Tarzán

>>> Otro vehículo para una ideología delirante.

> 2002 – Lilo y Stitch

>>> Por razones que hoy no hacen al caso, esta película me interesa muchísimo.

> 2006 – Bambi 2

>>> No la he visto, y no creo que llegue a verla, porque me parece que sólo es un “remake” de algo que ya era muy discutible en 1942.

>>>

Bueno y bien…

El ejercicio es que decida usted si los animales humanizados que aparecen en estas películas son salvajes, domésticos, ganado, mascotas, etcétera…

Anote los resultados en alguna parte.

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Según la Wikipedia, “disneyficación” es un término que describe la transformación de algo, por lo general la sociedad en toda su extensión, para asemejarse a los parques temáticos de la compañía Walt Disney.

El artículo completo está en

https://es.wikipedia.org/wiki/Disneyficación

Espigaremos algunas ideas:

“En lo que a los lugares respecta, normalmente significa cambiar lo que ha crecido de manera orgánica durante el paso del tiempo por una apariencia idealizada para el turista que recuerda a las atracciones principales de los parques temáticos de Disney.

Los aspectos de la disneyficación incluyen:

> Tematización: la infusión de un lugar o un objeto con una idea específica.
> Consumo híbrido: la colección de múltiples oportunidades de consumo en un lugar determinado.
> Mercadotecnia: promoción de un bien o servicio con los objetos que llevan imágenes o logotipos de promoción.
> Trabajadores/animadores: Obligar a los empleados no sólo a prestar servicios, sino también a ser animadores”.

Esta última frase me trae un recuerdo del siglo pasado: alguien que había trabajado en Eurodisney me dijo -literalmente- que “Mickey Mouse es Hitler”.

La cosa es que los animales humanizados no jibaricen a los espectadores y no los conviertan en humanos animalizados… Otro día, si usted quiere, podemos leer juntos una novela de H.G. Wells que se titula “La Isla del Doctor Moreau”. Es un libro muy visual que ha servido como base para unas cuantas “adaptaciones” al cine desde su publicación en 1896.

Otro libro que merece la pena es de George Orwell: su “Granja animal” parece una fábula a la antigua usanza… hasta que empezamos a ver que cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

Según sus detractores, los parques zoológicos son campos de exterminio para las bestias que tienen la mala suerte de caer en ellos. Hay un libro de Gerald Durrell, “El arca inmóvil”, que da una visión bastante distinta del papel y la función de los zoos en un mundo que se está volviendo inhabitable para todos los animales, seres humanos incluidos. Si le interesa el asunto, debería leer usted al menos tres o cuatro libros de Gerry antes de empezar éste.

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Ahora podríamos añadir una segunda serie de dicotomías para seres humanos.

> Rústicos y urbanitas

>>> Cada vez hay más “ciudadanos” y  menos “pueblerinos”, cuya definición clásica es

“Rusticani non civiles semper erunt et sunt viles; rusticani sunt fallaces, sunt immundi, sunt mendaces”.

(Carmina medii aevi posterioris Latina)

Ahora que casi todos somos urbanitas de pura cepa, esta dicotomía se reformula como “metropolitanos” versus “provincianos”.

> Taurófilos y taurófobos

>>> Sin comentarios: en este país, esto es autoexplicativo…

> Animalistas y esbirros de Cruella de Vil

>>> Según el diccionario de María Moliner, el término “animalista” significa “defensor de los animales”. Aquí y ahora, muchos políticos defienden la crueldad contra los animales porque es “tradicional” y “popular”. Esto se debe a la  sobrerrepresentación en las dos Cámaras del Parlamento de las provincias más “tradicionales” y más “populares”. Así, dan por buenas las tesis de los taurófilos, cuya base y sustancia es que el suplicio que sufren unos poquitos toros cuando mueren en las plazas es el precio que debe pagar su estirpe por el privilegio de vivir unas vidas casi naturales en unas dehesas que de otra forma serían campos de cultivo.

Los esbirros de Cruella de Vil, Gaspar y Horacio, son dos mercenarios sin principios. A veces tengo la impresión de que los animalistas de pro tienden a pensar que todos los que no comparten totalmente sus ideas son gente así. Probablemente es una simplificación excesiva de una realidad muy compleja.

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Ya ve usted que también podemos clasificar a los personajes de Disney siguiendo estas dicotomías.

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Ahora que disponemos de un pequeño repertorio -no exhaustivo, por supuesto- de términos y conceptos para clasificar a los animales que comparten el planeta con usted y conmigo, incluyendo al resto de los seres humanos, ya podemos etiquetar los casos particulares que se dan en la realidad real del mundo mundial. Cuando los tengamos colocados en alguna estantería de nuestros cerebros, basta usar la lógica y decidir cuál debe ser el tratamiento más adecuado para cada uno de ellos. Parece fácil, pero es difícil porque nunca tendremos toda la información. Peter F. Levy nos dice que “Things tend to make sense when all the facts are brought out”, las cosas tienden a encajar cuando exponemos todos los hechos.

Ahora ya podría presentarle otros ejercicios prácticos…

Excalibur

Por ejemplo, ¿qué me dice usted sobre la muerte de “Excalibur”?

Según sea su respuesta le propondré otros.

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“2001: A Space Odyssey” es una película que hizo Stanley Kubrick “adaptando” al cine varios relatos de Arthur C. Clarke. Es la mejor que he visto. Como no podía ser de otra manera, nos dice que “the Dawn of Man”, el Amanecer del Hombre, es el momento de la Prehistoria en que pasamos de ser presas a ser predadores.

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Nuestra especie se autodenomina “Homo sapiens sapiens”.

Si quiere hacer usted un estudio más científico de la cuestión, procede que vea la taxonomía linneana. Resumiendo mucho, somos animales vertebrados, mamíferos placentarios y primates catarrinos. En otras palabras, no somos invertebrados, ni reptiles, ni marsupiales, ni platirrinos… Es una buena forma de poner en práctica aquel precepto clásico, “Nosce te ipsum”. Un libro que en su momento fue innovador, y quizá conserve bastante vigencia, es “El mono desnudo”, de Desmond Morris. La verdad nos hará libres, dicen…

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Y aquí le dejo otras dicotomías que podrían ser interesantes:

eivissencs i forasters;

“los nuestros” y “los demás”;

y “last but not least”,

Buenos y Malos.

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Mi tesis, pendiente de demostración:

Nuestras opiniones sobre las conductas ajenas respecto a los animales en general, otros seres humanos incluidos, no derivan de nuestros elevados principios, ni de nuestro invariable respeto al derecho a la vida de todos los seres vivos en abstracto. Dependen de nuestra posición en la sociedad humana, de nuestra ubicación territorial y de cuántas películas de Walt Disney hemos visto.

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P.S.

No he conseguido engarzar en este artículo

una referencia a los Houyhnhnms de Swift.

Tampoco he citado a Tolkien.

Quedan pendientes para otro.

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