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A comienzos del siglo XX, la ciudad de Sóller,

con su pujante industria y sus famosos huertos de naranjos,

tenía la necesidad de terminar con el virtual aislamiento

que impedía su desarrollo.

El majestuoso marco de montañas de su entorno

y en particular la Sierra de Alfàbia

impedía el transporte de viajeros y de mercancías

con el puerto de la ciudad de Palma

y con el resto de la isla, vertebrada ya por entonces,

por una red ferroviaria mallorquina en crecimiento.

Hasta entonces para ir hacia la capital (Palma de Mallorca)

era preciso tomar una diligencia y salvar un gran desnivel

subiendo y bajando el denominado “Coll de Sóller”,

una carretera de tierra, estrecha y empinada,

fatigosa para los animales de tiro.

De aquella época aún se encuentran

a lo largo de la actual carretera de Sóller

las posadas que servían para el descanso

y avituallamiento de animales y pasajeros,

hoy reconvertidas en restaurantes.

Fue un ciudadano de Sóller, el Sr. Jerónimo Estades,

diputado provincial y hombre de negocios,

que se hizo eco de la voluntad de los habitantes de Sóller

para implementar un sistema ferroviario entre Sóller y Palma de Mallorca.

Encargó inicialmente el estudio de un ferrocarril Palma-Sóller

que pasaba por Valldemossa y Deyá.

Se solicitó entonces la concesión de este ferrocarril en 1893.

Sin embargo este proyecto fue descartado

por el alto coste económico que representaba.

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