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Escrito a principios de 2015

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Dice D. Cayo Lara Moya (Argamasilla de Alba, 29 de enero de 1952) que él mismo y el partido en el que milita tienen «ideología». Probablemente, hay algunas experiencias parecidas en nuestras respectivas trayectorias vitales, porque nací en 1954. Por otra parte, he sido compañero de estudios de D. Joan Coscubiela i Conesa (Barcelona, 16 de agosto de 1954), que probablemente milita en el mismo partido.

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Entrando en materia, cuando  D. Cayo nos dice que tiene «ideología» entiendo que quiere decirnos que tiene unos «principios» fijos y que defiende unos «valores» de manera estable. En muy contadas ocasiones, usted y yo hemos hablado de, digamos, meta-política. Por ejemplo, cuando escribí para usted «Filosofía y política», publicado como «carta abierta» el 24 de Diciembre de 2003.

Filosofía y política

Es una aproximación al estudio de los programas políticos a base de mis «piedras de toque». Una de ellas es la clasificación de los puntos en principios, medios y fines. También hago mías varias tesis de Mr. Edward de Bono (Malta, 19 de mayo de 1933). Por ejemplo, «Effectiveness without values is a tool without a purpose», la efectividad sin valores es una herramienta sin una finalidad.

Pensamiento lateral

En otro de mis trabajos, «Valores, intereses y derechos» (22 de septiembre de 2010), he esbozado mis ideas sobre la importancia de distinguir entre lo que es el fundamento permanente de nuestra acción y lo que es más, digamos, contingente o coyuntural.

Valores, intereses y derechos

Volviendo a D. Cayo, tal vez lo que él llama «ideología» sea en realidad un conjunto de axiomas, postulados o dogmas. Según el DRAE, un axioma es una «proposición tan clara y evidente que se admite sin necesidad de demostración» o «cada uno de los principios fundamentales e indemostrables sobre los que se construye una teoría». Un postulado es una «proposición cuya verdad se admite sin pruebas y que es necesaria para servir de base en ulteriores razonamientos» o un «supuesto que se establece para fundar una demostración». En cuanto al «dogma», es una «proposición que se asienta por firme y cierta y como principio innegable de una ciencia», la «doctrina de Dios revelada por Jesucristo a los hombres y testificada por la Iglesia» o el «fundamento o puntos capitales de todo sistema, ciencia, doctrina o religión». Al parecer, si uno no tiene algo de eso se «desideologiza», toma las decisiones sobre su acción política «a golpe de encuesta» y sigue el viento que sopla cada día, como una veleta. La «ideología» da estabilidad, pero en esta vida todo tiene un precio, y esa estabilidad se paga con el estancamiento.

La última vez que le he oído decir a D. Cayo eso de la «ideología» ha sido en el contexto de la Saga/Fuga de Dª Tania Sánchez Melero (Madrid, 29 de abril de 1979). Al parecer, después de varios años compartiendo militancia con ella, D. Cayo ha descubierto que no tenía la misma ideología, los mismos principios, los mismos valores o los mismos dogmas. De haber tenido todo eso, habría seguido en la organización hasta la muerte y más allá, ¿no le parece?

Ahora que ya hemos enmarcado lingüísticamente la «ideología», procede comparar nuestros respectivos conceptos de decencia, tanto en la vida privada como en la pública. Tengo pendiente un trabajo sobre la clasificación de los medios en legales, legítimos y lícitos. Otra cuestión a debatir: ¿el fin justifica los medios?

Según el DRAE, la decencia es «aseo, compostura y adorno correspondiente a cada persona o cosa», «recato, honestidad, modestia» y «dignidad en los actos y en las palabras, conforme al estado o calidad de las personas». Al parecer, la Real pone el acento en las conductas privadas. Yo estaba pensando más en las públicas. Por ejemplo, en lo que se entiende por «moralidad» en el último párrafo del Informe Subercase (Madrid,  2 de noviembre de 1844):

«La comisión cree haber explanado suficientemente los principios que sirven de fundamento al pliego de condiciones generales que propone para las empresas de ferrocarriles. En ellas ha procurado conciliar los intereses del Estado y del público con los de las compañías particulares, asegurando en lo posible la moralidad que debe servir de base a las concesiones que les otorga el Gobierno».

Informe Subercase – Ortografía modernizada

Sobre todo eso hay un libro que tal vez debería haber leído. Es de D. Juan Carlos Monedero Fernández-Gala (Madrid, 12 de enero de 1963) y se titula «Curso urgente de politica para gente decente». Supongo que debe ser uno de los documentos fundamentales para entender por qué razones un político profesional no puede ganar más de tres sueldos mínimos españoles sin convertirse en un miembro más de «la Casta».

http://www.juancarlosmonedero.org/tag/curso-urgente-de-politica-para-gente-decente/

Como dijo D. Félix María Samaniego (Laguardia, 12 de octubre de 1745), «procure ser en todo lo posible el que ha de reprender irreprensible». Otro día, si usted quiere, podemos seguir estudiando las conductas públicas de los que aspiran a gobernarnos, porque el objetivo de estos debates es decidir si queremos que personas como las arriba citadas sean ministros o ministras de Hacienda, de Economía, de Ideología o de Decencia…

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