«SS CONTE BIANCAMANO»
on her post-war sea trials off Monfalcone, Italy –
– Maurizio Eliseo collection

Imagen procedente de

http://maritimematters.com/2010/04/conte-biancamano-then-and-now-video/

Vistazo  ##

Hace 73 años, el sábado 23 de abril de 1940, el «Conte Biancamano» zarpó de Génova en su último viaje a las Américas antes de que la Italia fascista entrara en la Segunda Guerra Mundial. Entre los 1.725 pasajeros venían mis abuelos, mi madre, mis dos tíos, tíos abuelos y otros parientes y amigos.

El 24 de abril y tras viajar a oscuras en el Mediterráneo atestado de barcos de guerra y submarinos ingleses y alemanes, atracó en una Barcelona devastada por la Guerra Civil Española, con su puerto abarrotado de barcos hundidos. Al día siguiente continuó su viaje a Santa Cruz de Tenerife, Curaçao, La Guaira, Panamá y Buenaventura. Arribó a Salinas el 15 de mayo de 1940, antes de continuar su viaje a Valparaíso.

Además del drama de dejar su país, mi familia traía otras dos penas: la muerte prematura de mi tío Gianni a los 12 años de edad por una sepsis en agosto de 1939 y, en diciembre de 1939 la nonna de 40 años de edad, había sido intervenida de un cáncer de mama por tercera vez por el profesor Bartolo Nigrisoli, docente de la cátedra de Clínica Quirúrgica de la Universidad de Bolonia. Era célebre por haberse negado a jurar fidelidad al régimen fascista. El doctor Nigrisoli, que creía en la influencia de las eco-regiones sobre las enfermedades, advirtió a mi abuela que al pasar del Trópico de Cáncer al Ecuador no viviría más de seis meses. Ese presagio fue una espada de Damocles durante todo el viaje y (coincidencia o no) se cumplió al pie de la letra: la nonna Luci falleció en Quito, exactamente seis meses después de su llegada.

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BIANCAMANO

A bordo del «Conte Biancamano», rumbo a Ecuador. De izquierda a derecha:
de espaldas, mi madre Biancamaria; el nonno Giuseppe Ottolenghi, el capitán Ferrara,
la nonna Luci Geller, André Levi, la zia Stella Geller y el ingeniero Ettore Levi.

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El «Conte Biancamano» se construyó en los astilleros de Glasgow, e inició sus servicios con la ruta Génova – Nueva York en noviembre de 1925. Sus 198,91 metros de eslora y 23, 2 de manga lo convertían en un buque espectacular, de 24.416 toneladas brutas. Tenía un motor de cuatro turbinas capaces de alcanzar una velocidad de 21 nudos y su tripulación era de casi 500 personas. Su decoración interior reproducía los nobles salones del barroco italiano, con preciosos frescos en el techo y paredes. Todo ello, unido a sus elegantes pasillos con el suelo recubierto de madera de teca, hizo que se lo llamara «el Versalles flotante».

A su retorno de Valparaíso en junio de 1940, la nave llegó al puerto de Cristóbal, en Panamá, coincidiendo con la declaración de guerra de Italia a Inglaterra y Francia. Aparentemente, el capitán Giuseppe Ferrara al atracar hizo el saludo fascista a las autoridades norteamericanas responsables del Canal. Lo apresaron sin contemplaciones junto a su tripulación, bajo la acusación de sabotaje. Ferrara y sus subordinados fueron transferidos a la prisión de Ellis Island en Estados Unidos, hasta que el presidente Roosevelt les concedió el indulto tres años más tarde.

El «Conte Biancamano», que se encontraba en condiciones deplorables, fue requisado por la Armada estadounidense y reacondicionado para el transporte de tropas. En noviembre de 1942, con el nombre de «USS Hermitage» (AP-54), embarcó 5.600 soldados con destino al norte de África. Hasta marzo de 1945 realizó 19 travesías a lo largo y ancho de los océanos Atlántico, Índico y Pacífico transportando tropas de combate norteamericanas, británicas, francesas y australianas, embarcando prisioneros italianos y alemanes, regresando heridos de los frentes de batalla y rescatando refugiados de las naciones arrasadas. Durante su servicio en la Armada de los Estados Unidos el «Hermitage» recorrió más de 370.000 kilómetros y transportó alrededor de 130.000 personas.

Mediante Orden Ejecutiva 9935, firmada por el presidente Harry S. Truman, el «Hermitage» fue devuelto oficialmente al gobierno italiano junto a otras trece embarcaciones. El 15 de agosto de 1947 zarpó desde San Francisco rumbo a Génova, con bandera italiana. En abril de 1948 entró a los astilleros de Monfalcone, y seis meses más tarde salió completamente reparado y renovado: se alargó el casco, se disminuyó el tamaño de las chimeneas, se redujo el número de camarotes para hacerlos más confortables, se construyeron tres piscinas al aire libre y se refaccionaron sus salones. Con las modificaciones, el barco ahora era capaz de transportar 1.563 pasajeros: 215 de primera clase, 455 de clase cabina y 893 de clase turística.

El 10 de noviembre de 1949 realizó el primer viaje de la ruta Génova – Buenos Aires; y en los años sucesivos sería utilizado alternativamente hacia y desde Italia a Norte, Centro y Sur América.

En la postguerra y con el desarrollo de la aviación, poco a poco, los transatlánticos ya no eran rentables para el transporte de pasajeros y fueron cayendo en desuso. Por este motivo, el «Biancamano» hizo su último viaje de Nueva York a Nápoles el 21 abril de 1960, tras 35 años de servicio. Cuatro meses más tarde ingresó a La Spezia (Liguria) para desguace. Parte de su estructura fue reacondicionada y montada en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología de Milano: la pieza anterior con el puente de mando, las salas de radio y mapas, el gran salón de primera clase y el «Observation Lounge», cuyo techo circular está decorado con paneles que representan los mitos de Jasón y la búsqueda del Vellocino de Oro.

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Conte_Biancamano-Grande_Hall

«Grande Hall 1ª classe Vestibolo» del «Conte Biancamano»  –  Archivo Histarmar

http://www.histarmar.com.ar/LineasPaxaSA/70-LloydSabaudo.htm

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En su larga historia, el «Conte Biancamano» acogió a 353.836 pasajeros; entre ellos, a Carlos Gardel y a Federico García Lorca, antes de sus trágicas muertes. Transportó a diplomáticos, políticos, artistas, religiosos y miembros de la realeza. Salvó muchas vidas trayendo a América a centenares de emigrantes que huían del Holocausto. Las paradojas del Destino hicieron que también trasladase desde Italia a decenas de genocidas nazis que, con la ayuda de la organización Odessa, se «esfumaron» en Argentina detrás de nombres y pasaportes falsos… como falso fue el nombre del cadáver de Eva Perón con el que militares argentinos y la Iglesia Católica lo sacaron de Buenos Aires en las bodegas del barco para esconderlo en Milán. Pero ésa es otra historia…

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Enlaces pendientes :

Salida de Génova 1940. Vídeo

Dr. Bartolo Nigrisoli

El Versalles flotante

Conte Biancamano (transatlántico)

USS Hermitage (AP-54)

Orden Ejecutiva 9935, de Harry S.Truman

Museo Nacional de Ciencia y Tecnología de Milano

El largo viaje del cadáver de Eva Perón

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