La vuelta a Eivissa en transporte público

Diario de Ibiza, 15 de abril de 2007

El reto es simple: intentar dar la vuelta a Eivissa en una mañana utilizando los autobuses de línea regular. La ruta empieza en internet, en el portal www.ibizabus.com, en la que se detallan los horarios. En la página principal aparecen enlaces con las cuatro empresas que cubren el servicio público – Voramar el Gaucho, Autobuses San Antonio, Lucas Costa y H. F. Vilás -, por lo que, para encontrar el horario de la línea que se desea utilizar, hay que rastrear primero cuál de las compañías lo ofrece. No aparecen las tarifas ni la posibilidad de adquirir abonos para lograr precios más económicos. Además, la mayor parte de las rutas sólo están en marcha en verano. Finalmente, el trayecto elegido pasa por Vila, Santa Eulària, Sant Antoni (Can Bonet y el centro), Sant Jordi y Can Misses.

La ruta empieza el jueves a las ocho de la mañana en la parada de la avenida de Isidor Macabich, para tomar el autobús de Santa Eulària (Autobuses H. F. Vilás). Tiene una frecuencia de 30 minutos desde las 7,30 de la mañana (a las 7 desde la Villa del Río), excepto durante algunos tramos horarios, que sale cada hora. El tíquet cuesta 1,60 euros. En el mapa aparecen sólo cuatro paradas: Eivissa, Can Vinyes, Can Mosson y Santa Eulària, pero lo cierto es que el trayecto tiene muchas más. Conocerlas de antemano es imposible. Ninguna de ellas está señalizada a lo largo de la carretera, si bien en algunos lugares – que al no versado en la ruta le parecen aleatorios, ya que están al lado de un árbol, una farola o una señal kilométrica – hay grupitos de personas que hacen una seña con la mano y pueden subir al vehículo.

Precisamente, la falta de señalización de las paradas es una de las críticas más frecuentes de los usuarios de esta línea. El presidente de la asociación de vecinos de Jesús, Juan Costa Tur, considera que su situación es «tercermundista». «No tiene ni marquesinas ni postes de información ni nada, y la gente tiene que saltar muchas veces a la cuneta. Hay personas que se han caído y se han hecho daño», lamenta.

Costa mira con envidia las paradas que se han instalado en la carretera de Sant Josep y en la de Sant Antoni. No obstante, la parada situada frente a Muebles La Fábrica obliga a los autobuses que van en dirección a Vila a detenerse bloqueando el estrecho callejón sin que se haya contemplado apeadero alguno tras la construcción del paso elevado.

Santa Eulària-Sant Antoni, vía Eivissa

El autobús 13 llega a Santa Eulària a las 8,25. El siguiente punto de la ruta es Sant Antoni, pero en invierno sólo hay tres autobuses diarios entre Santa Eulària y la Vila de Portmany. El primero sale a las 9,45 horas, por lo que parece más rápido volver a Eivissa y tomar otro autobús para alcanzar esa localidad, aunque eso supondrá comprar dos tiquets más, ya que no existe la convalidación de trayectos como en otras ciudades españolas.

Nuria, una ex residente en Santa Eulària que debía ir a trabajar todos los días a Sant Rafel, acabó comprándose un coche. Todas las mañanas tenía que bajar a Eivissa para, después, tomar el autobús de Sant Antoni. Además del considerable coste de los dos trayectos (tres euros de ida y otros tres de vuelta) y su duración (50 minutos), en ocasiones el primero de los autobuses tardaba algo más de media hora en cubrir el trayecto, de forma que al llegar a Eivissa ya había perdido el que pretendía tomar. Muchos días llegó tarde a trabajar por este motivo. La parada situada a la salida del pueblo de Santa Eulària tampoco está señalizada, así que hay que preguntar en los establecimientos de la zona. «Creo que la gente se suele poner por allí», informa un trabajador indicando una señal de tráfico cercana. Ningún indicio apunta a que en ese lugar para el transporte público, pero a las 8,35 lo hace. 1,60 euros para regresar a Eivissa. En este trayecto, sólo la parada de Ca na Negreta tiene una marquesina que resguarda a los clientes si llueve. No obstante, no tiene ningún tipo de información sobre las rutas que pasan por allí y los horarios.

A las 8,55, de nuevo en la avenida de Isidor Macabich de Vila, hay que buscar el autobús de Sant Antoni (el 3). Hay dos lugares donde parece que venen tiquets: una garita en un bar (que está cerrada y tiene un letrero que pone ‘Tickets en el bus’) y una terminal con tres taquillas. Las dos más exteriores también remiten al autobús, pero allí, el conductor, no vende billetes: «Mire usted bien, que sí que hay una abierta». Efectivamente, en la del fondo se venden tiquets de Eivissa a Sant Antoni. Es la única línea en la que hay que comprarlos en taquilla.

¿Taquilla o conductor?

En este trayecto (del autobús a la taquilla), una chica perdió una vez el viaje. «Cogió tal rebote con el conductor que cogió un taxi, dio alcance al autobús, se paró en Sa Blanca Dona y se subió para pegarle la bronca», recuerda Álvaro, un usuario habitual de la línea, que comprende la confusión: «A veces la taquilla está abierta, otras cerrada y el conductor se desentiende…». Opina que el servicio público es «un desastre». «El de Eivissa es el peor servicio de autobús que he conocido nunca», narra este joven.

Esta línea está explotada por Autobuses San Antonio. Es, sin duda, la que más pasajeros traslada y la que tiene más frecuencias: cada 30 minutos en invierno entre las 7 horas (a las 7,30 desde Vila) y las 21,30 horas, al que hay que añadir otro a las 22,30.

No obstante, su regularidad no es para echar cohetes. Dani lo toma prácticamente a diario a las 8,30 porque trabaja en la zona del Hiper Centro (1,20 euros). «A veces sale antes de la hora y, a veces, estás allí a las 8,20 y tienes que coger el de las 9 porque no aparece».

¿Parará o no parará?

Naihara también ha sufrido sus retrasos, aunque en su caso los atribuye a las obras. Vive en Sant Rafel y se quedó sin coche durante 15 días. «Un día, después de hora y media esperando el autobús llamé a mi jefe para que me pasara a buscar». En invierno no hay ‘Discobús’ (línea nocturna), por lo que debe tomar taxis a menudo, ya que trabaja en un bar de copas.

El día del reportaje, el autobús sale puntual a las 9 horas y poco antes de las 9,25 se detiene en Can Guillemó, a la altura de la gasolinera de Can Bonet. La mayor parte de las paradas de la nueva carretera incluyen ya un techo para cubrirse en caso de lluvia y un banco para sentarse. La de Can Guillamó no, pero tiene un poste en el que se pueden leer los horarios. Algo es algo.

En Can Bonet vive Ana, una madre de familia a la que también se le averió el coche hace unas semanas. Realiza dos trayectos de ida y dos de vuelta diarios a su puesto de trabajo en Vila. «El primer día, el autobús no se paró porque iba lleno, y un chico que estaba en la parada me dijo que los dos anteriores tampoco se habían detenido», recuerda.

En Vila, el mediodía siguiente le ocurrió lo mismo: «30 personas de la cola nos quedamos fuera». Al tercer día le pidió prestado el coche a su padre.

Can Bonet-Can Coix, sin usuarios

Hace unos meses se inauguró una línea que une los dos barrios más alejados de Sant Antoni: el de Can Bonet y el de Can Coix. Tiene cuatro trayectos por la mañana y tres por la tarde. El autobús ya está en la parada de Can Bonet – otro poste con los horarios – unos minutos antes de las 9,30, su hora de partida. El tiquet cuesta 1,20 euros y en su interior sólo hay dos personas, además del periodista. «No la usa casi nadie. Muchas veces, ni siquiera sale», comenta una vecina.

Ninguno de los autobuses que visitó este rotativo durante la ruta del reportaje estaba adaptado para minusválidos, pero el de Can Bonet – también de Autobuses San Antonio – era el que tenía las escaleras más empinadas. Diez minutos después de salir pasa por la nueva calle Londres, donde tiene una parada antes de llegar a la zona deportiva.

Cinco viajes de Sant Antoni a Sant Josep

A las 9,45 parte un autobús desde Sant Antoni hacia Sant Josep, Sa Carroca y Vila (el número 8), pero para cogerlo hay que ir hasta el final del puerto. Al llegar, el vehículo acaba de partir, así que hay que tomar el siguiente, dentro de una hora y media. En la parada de Sant Antoni para con relativa frecuencia (cada hora) la línea 2, que cubre la bahía hasta Port des Torrent, la única en la que se puede apreciar un autobús con el acceso adaptado. Los vehículos van prácticamente llenos.

El 8 parte puntual (a las 11,15) con cinco personas en su interior, a las que se van incorporando otras diez en las primeras paradas antes de llegar Sant Josep. El tiquet cuesta 1,65 euros hasta el barrio de Sa Carroca, en Sant Jordi. María se sube con su hija a la altura de la ronda de Ses Païses. Al preguntarle su opinión sobre el servicio, se refiere a las «pocas frecuencias». Sólo se programan cinco trayectos diarios. Muchas veces, para no alargar la espera, decide ir a Sant Antoni, bien con un taxi (cinco euros) o bien, si la hora coincide, tomando el mismo autobús en sentido contrario. «Mucha gente que vive en la carretera lo usa para ir a comprar a Sant Josep», explica. La línea tiene su hora punta a las ocho de la mañana y a mediodía: «Va casi lleno».

En el mapa descargado en www.ibizabus.com, como es habitual en todas las líneas, no se indica claramente dónde están las paradas, pero el conductor lo aclara: «En la rotonda de Sa Carroca hay una».

¿Dónde para el de Can Misses?

En esa zona (concretamente en la parada titulada ‘Cruce Can Cifre’, según el folleto de los horarios), debe pasar la línea 35, que enlaza el barrio de Sa Carroca con Can Misses procedente de Sant Jordi, de donde parte a las 12 del mediodía. Pero no lo hace. A las 12,10, en el teléfono de Voramar el Gaucho desconocen exactamente dónde tiene su parada en la zona: «Teóricamente, pasa por la carretera de Sant Josep, así que espere un poco que igual se ha retrasado por el tráfico», informa amablemente una telefonista.

A las 12,40, tras otra llamada, ella misma duda y pregunta a otra persona. Entonces, su información es otra: «Pues no, se ve que pasa por arriba. Es raro, porque el mapa pone ‘Cruce Can Cifre’, pero se ve que pasa por detrás, por la zona de la cárcel y Cas Mut. No espere más ahí, porque ya ha pasado». El siguiente autobús 35 sale a las cuatro de la tarde, así que la chica recomienda aguardar al del aeropuerto, ir a Eivissa y, desde allí, tomar el de Can Misses.

Precisamente, los residentes de ese barrio han criticado en las últimas semanas los frecuentes cambios de este trazado: «A veces, el del aeropuerto – con una frecuencia de 60 minutos en invierno – pasa por aquí y otras veces se mete por la autovía y va directo a Sant Jordi, sin parar en Can Cifre ni en la antigua parada de la Guardia Civil». Lo mismo ocurre a su regreso, explica una vecina del lugar.

Cas Serres-Can Misses en una hora

En Cas Serres, a cinco minutos andando de Can Cifre (ya son las 12,50). Se puede tomar otra línea que pasa directamente por Can Misses sin efectuar transbordo: el Vilabús 39, de Voramar el Gaucho. En la parada situada junto al auditorio no hay horario alguno que lo indique, aunque dos vecinas del lugar informan que el transporte público suele pasar «a las horas y veinte». Es decir, que hay que esperar media hora. «Llegarás antes andando, porque da toda la vuelta», informan. Efectivamente, el Vilabús 39, el único que pasa por Cas Serres, sólo tiene un sentido y la vuelta completa tarda una hora, según informa el folleto descargado en la web.

Irene utilizaba este autobús hasta hace unos meses, cuando estudiaba en el Conservatorio: «Partía de Eivissa, daba una vuelta por Can Misses y Casas Baratas antes de llegar. Nunca sabías a qué hora iba a pasar y los horarios son muy reducidos». Cuesta 1,20. También tiene escalones y dos ancianos que se acompañan de un bastón deben hacer grandes esfuerzos para bajar. Tras una ruta por la avenida de España, el puerto, el paseo marítimo, es Cap Martinet, la avenida Vuit d’Agost, el puerto otra vez, la avenida Isidor Macabich, la avenida de España y el primer cinturón de ronda, el vehículo llega al hospital a las 14,10 horas, 50 minutos después de partir de Cas Serres. Eso sí, los residentes en este barrio tardan sólo diez minutos en regresar a su casa desde el hospital.

Bonobús con fecha de caducidad

Los abonos no sirven para viajar con diferentes empresas

Todos los usuarios coinciden en señalar el elevado precio del autobús en Eivissa: 1,20 euros para los trayectos cortos y 1,60 para los largos, básicamente. Existen bonobuses de 20 viajes para cada tipo de precio por 23 y 14 euros respectivamente, pero tienen varias limitaciones que los diferencia de la mayor parte de abonos del territorio nacional: son unipersonales, caducan a los 30 días («aunque, bueno, si se pasa un poco los ticamos también», admite un conductor) y sólo pueden utilizarse en la misma empresa que lo ha emitido, es decir, que el de Eivissa a Santa Eulària no sirve para ir a Sant Antoni. Muchas ciudades tienen integración tarifaria, de forma que el usuario no se percata nunca de la empresa en la que viaja, sino que compra un bonobús, lo utiliza y son ellas las que establecen sus sistemas de compensación, muchas veces a través de un consorcio público.

A lo largo de la mañana del jueves, durante los trayectos que efectuó este periódico, sólo dos personas utilizaron este tipo de abono. Una usuaria habitual admite que su precio y su formato (20 viajes con limitación temporal, en vez de 10 sin limitación, como suele ser habitual) no son muy atractivos. «Si estás unos días sin usarlo, enseguida te caduca», explica esta mujer.

>>>

(( Autobús…

(( Movilidad – Eivissa – Ibiza…

(( Transporte público…

>>>