1999 : mi primera reacción al euro contable

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A principios de 1999 han inaugurado Eurolandia, el parque de atracciones más grande de la Historia. Hay montañas rusas, tiovivos, autos de choque, tiro al negro… Por fin podremos pagar con la misma moneda en todas las barracas. Y es que Eurolandia rima con Disneylandia… ¿Habéis visto «Pinocho»? ¿Sí? ¿Os acordáis de los niños malos? Les daban alcohol, tabaco y, ejem, diversión, de modo que en poco tiempo se convertían en burros y los vendían para trabajar… Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Aún no se sabe muy bien qué va a ser esto del euro. Podría haber sido el marco francés, o quizá el franco alemán; el sustantivo es más importante que el adjetivo. Se supone que será una moneda fuerte, a salvo de los especuladores. Hasta ahora, lo único que ha hecho respecto al dólar ha sido caer. El dólar es muy fuerte, y sube y baja como si tal cosa. Y del yen ya no hablemos… Bueno, probablemente el euro será más estable si lo controlan los alemanes. Aún se acuerdan de aquella inflación de los años veinte, cuando había sellos de correos de diez millones de marcos. Calculad lo que costaría una merienda. Aún no se ha inventado la vacuna infalible contra la famosa «maquinita» de imprimir billetes… De aquí a cuatro años se verá mejor a dónde va todo esto. Esperemos que los británicos se apunten de una vez. La libra aún pesa una libra, y costará mucho equilibrar los bandazos que hace dar a los demás. Y es que no se puede jugar siempre con dos barajas…

Mientras aparecen los euros «de verdad», tendremos que conformarnos con los mismos billetes de siempre, que se han metamorfoseado sin más en «fracciones no decimales» de la nueva divisa. Antes se hablaba del patrón oro, que era el peso de oro que daba cada Estado a cambio de sus billetes de curso legal. Esto venía a ser lo mismo que la ley de las monedas metálicas, que se cambiaban unas por otras según su contenido de metal noble. No olvidemos que en francés el dinero es plata y en alemán es oro. Nosotros somos más modernos y ya sabemos que es sólo un signo. Por eso usamos denarios, o sea, las monedas del Imperio romano. Ahora, las divisas de Eurolandia valen cantidades exactas de «patrón euro». En teoría, podemos cambiarlas unas por otras a un tipo fijo, sin que los intermediarios nos estafen con toda legalidad. Así que Eurolandia resulta ser… el nuevo Eldorado.

Antes, un dólar valía un dólar porque en Fort Knox había oro. Ahora un dólar vale un dólar porque la Sexta Flota dice que vale un dólar. Por esta regla de tres, mientras Eurolandia no tenga flota, un euro valdrá lo que la Sexta Flota diga que vale. Sin duda, esta afirmación simplifica la realidad, pero no mucho… Las sucesivas guerras en Yugoslavia no las ha parado la ONU. La paz, o lo que sea, se ha firmado justo cuando los gringos han decidido intervenir. No es que Eurolandia no cuente en el mundo, es que no cuenta ni en Europa. Que, por cierto, no es un continente, sino un apéndice de Asia. Quizá no sea más que, digamos, un error de los geógrafos… europeos, naturalmente.

En cambio, los geógrafos chinos siempre han dicho que su país está en el medio. En medio de qué, diréis, si estamos nosotros en el centro del mundo. Por eso ellos son «orientales». Pues mirad, si ellos dicen que están en el medio, vale más no discutir. Sabemos muy poco de la China. Por ejemplo, todo el mundo sabe que la CIA es uno de los servicios secretos de los gringos, o que el KGB era el de la Unión Soviética. ¿Y sabéis cómo se llama el chino? ¿No? Yo tampoco: es secreto. Bueno, son muchos, están armados hasta los dientes, ahora se dedican a ganar dinero, y pronto tendrán más que nosotros. Ahí os quiero ver…

Hoy por hoy los gringos suministran al mundo gran parte de los medios de pago para transacciones internacionales. Por ejemplo, una empresa de California importa coches japoneses. Los paga con dólares y yattá. Pero los japoneses no compran coches a los gringos, así que los gastan en petróleo de un emirato árabe. Como el jeque ya tiene muchos coches, los emplea en comprarse una finca en Marbella. El vendedor no quiere un coche «made in USA» justo hoy… Y podríamos seguir con el ejemplo, pero ya veis cómo va. Digamos que los ingresa en su cuenta en Gibraltar. Ahí les perdemos la pista, naturalmente… Para eso lo hace. Bueno, está claro que tampoco tienen por qué volver a los Estados Unidos el mes que viene, ni el año que viene, para el caso. Pueden seguir dando vueltas por el mundo muucho tiempo. De hecho, es lo que está pasando…

No es mal negocio esto de pagar las importaciones con unos papelitos que cuesta bien poco hacer. Y los billetes son sólo una parte del chollo. Pensad en los cheques de viaje, en las tarjetas de crédito, en los saldos de las cuentas que mantienen todos los bancos del mundo con sus corresponsales en Niu Llork, en las reservas de divisas que atesoran los bancos centrales…

Y la cosa no queda ahí. El dólar está desplazando de hecho el dinero de los Estados que no tienen lo que hay que tener para forzar la circulación de sus billetes en sus propios territorios. Ni siquiera el esfuerzo brutal de anclar la cotización al dólar les ha valido de gran cosa. Sólo falta que uno de ellos dé el paso de renunciar a su propia moneda y dar curso legal al dólar, y el efecto dominó hará el resto. Tal vez sea Argentina, pero aún puede adelantarse otro…

Si el euro consiguiese quitarle al dólar algo de todo esto, Eurolandia también podría liquidar parte de sus importaciones a base de promesas de pago futuro, anotaciones en cuenta, billetes de banco… o sea, con papelitos. Es uno de los objetivos de la maniobra. Pero falta saber si los gringos aceptarán pacíficamente tan salvaje atentado a su American Way of Life.

Quizá os habéis preguntado alguna vez cómo es que un país taan rico, con una constitución taan democrática y unas ideas morales taan elevadas mantiene unas discriminaciones taan enormes entre sus propios ciudadanos. Tal vez sea deliberado, tal vez el sistema necesite unos «ghettos» llenos de violencia: de allí salen los reclutas para su infantería de marina. ¿Habéis leído «Dune»? Y es que por mucha industria bélica que haya, las armas aún no funcionan sin soldados. Visto lo que pasa cuando desembarcan en alguna parte, tal vez sea mejor no tentar a la suerte… Recordad que sólo mandan los infantes de marina cuando han agotado toodas las alternativas… que no son pocas.

Otra posibilidad, quizá menos horripilante: los Estados Unidos son una república federal, y ya están acostumbrados a tener una autoridad monetaria que no depende sin más del gobierno. Tal vez un día se pongan de acuerdo con la futura estructura política europea, que también podría ser federal. Se reparte el negocio de imprimir billetes, se fusionan los bancos emisores, y yattá. Me llama la atención que el ECU haya tenido siempre un valor tan parecido al del dólar. Si hubiera sido sólo de vez en cuando podría haber sido casualidad… Y el euro sigue la misma costumbre. En fin, un nombre fácil para una nueva divisa: eurodólar.

Las uniones monetarias no tienen el éxito garantizado. La antigua Unión Soviética la tenía, pero si pintan bastos tampoco sirve de mucho. Esperemos que se imponga el sentido común, que es el menos común de los sentidos. En caso de conflicto entre Estados Unidos y Rusia, el ganador será Australia…

Volviendo a este país, es evidente que el canje de billetes será anónimo. Es cosa bien creíble… Con el follón que habrá sólo faltaría que los bancos hubiesen de anotar quién cambia cuánto y cuándo y qué y cómo. Hecha la ley, hecha la trampa; los canjes se pueden fraccionar tanto como haga falta. Pero por más que se ha repetido, el dinero negro sale del escondite y contribuye a esta bonanza artificial que estamos montando entre todos. Como nunca había sido tan barato endeudarse, el personal se lía la manta a la cabeza y tira carretera adelante. Y todo el dinero negro de Europa busca salidas, y las encuentra, por ejemplo, en comprar inmuebles en España. En cosa de meses, los albañiles han pasado de ser poco menos que unos parias a manejar fajos de billetes, cambiar de coche como de camisa y darse todos los caprichos. Como el dinero corre y nadie mira de dónde viene, el culto al becerro de oro se ha vuelto a poner de moda y por todas partes se oye el tintineo de las monedas y las canciones de la gente.

Y nuestro santo Estado ha llegado a embarcar en la primera velocidad del euro, cosa por la que nadie apostaba un duro hace bien pocos años. Vendiendo los negocios rentables y liquidando los demás han conseguido cuadrar las cuentas unos cuantos ejercicios. Pero no se ha visto aún que un Estado haya reducido sus gastos voluntariamente. De manera que en el futuro habrá que aumentar los ingresos.

En este momento la inspección de Hacienda no está funcionando a pleno rendimiento, cosa que los defraudadores detectan, agradecen y aprovechan. A río revuelto, ganancia de pescadores. Me pregunto si esto durará mucho. Cada día prescriben unos cuantos hechos sancionables… ¿Os acordáis de las primas únicas? Yo tuve la impresión de que Hacienda había dejado la nasa en el agua todo lo que pudo… antes de sacarla, naturalmente. Por esta regla de tres, dentro de, digamos, cuatro años, cuando se hayan calmado las aguas, la inspección puede volver a calar sus redes para sacarlas llenas, otra vez, de primos. Si se dejan crecer, los pezqueñines son mucho más sabrosos. La deuda, más la sanción, las costas de apremio, los intereses de demora y de oca a oca y tiro porque me toca… Un pastón. No seáis incautos. Es imposible borrar todas las pistas y atar todos los cabos sueltos. Por el hilo se saca el ovillo. Al menos, no digáis que no os avisé.

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